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Las neuronas animales

Créditos: QUO

En la naturaleza, la diferencia entre cerebros es extrema. Hay de todos tamaños y capacidades. Aquí te presentamos algunos de los más sorprendentes.

Por: Cristina Sáez Lunes 18 de mayo de 2015

¡Ay, los humanos! Nos creemos únicos, los más inteligentes del reino animal, con un cerebro tan privilegiado que nos permite construir edificios, aparatos que vuelan, ir a la Luna, escribir novelas. Sí. De acuerdo, tenemos un cerebro portentoso. Pero, ¿y si no fuéramos los únicos? ¿Y si supieras que hay muchos animales con algunas capacidades cognitivas superiores a las nuestras? Los chimpancés, por ejemplo, tienen una memoria prodigiosa y son capaces de reconocer caras de forma más eficiente que nosotros. Por su parte, las moscas cuentan con una capacidad de procesamiento más veloz que la de cualquier supercomputadora. Ni qué decir de las abejas, capaces de realizar acciones más rápido que una máquina. ¿Sorprendido?

Durante mucho tiempo, la ciencia subestimó la inteligencia animal. En buena medida porque resultaba complicado hacerle una prueba a un pulpo, un cocodrilo o un caballo para averiguar su coeficiente intelectual. Valorar sus aptitudes ha sido siempre un tema espinoso; no obstante, en la última década, expertos en cognición animal han dado con opciones para resolver esta cuestión, y sus descubrimientos han empezado a cambiar la visión que teníamos, desde la Grecia Antigua, acerca del cerebro humano como algo único.

Vayamos por partes. Para empezar, ¿todos los animales tienen cerebro? Casi todos, porque hay excepciones como la esponja de mar. Y todos están compuestos de la misma materia prima: neuronas, células nerviosas que se comunican entre sí mediante impulsos eléctricos y señales químicas.

Algunos individuos tienen miles de millones de estas células nerviosas, como los humanos o las ballenas, mientras que otros, como las babosas, apenas alcanzan las 20,000. Lo que hace que unos sean más inteligentes que otros es la complejidad de las redes que se establecen entre las neuronas.

Entre especies, la forma del cerebro es distinta. Algunos animales, por ejemplo, cuentan con regiones más desarrolladas que otras; es el caso de los perros y el área encargada del olfato, que ocupa un volumen mucho mayor en su cerebro que la misma zona en los humanos.

¿El tamaño importa?

En el mundo animal hay una diferencia extrema entre individuos si hablamos de tamaños. Hay cerebros enormes, como el del cachalote, uno de los mayores cetáceos que surcan los mares: su cabeza supone nada menos que el 35% de su cuerpo y alberga un cerebro de ocho kilogramos. En los humanos, el cerebro representa entre el 
2 y 3% del cuerpo y pesa entre 1.25 y 1.4 kilos. En el otro extremo hay animales con cerebros muy diminutos, como las abejas, que lo tienen del tamaño de un alfiler; o los cocodrilos, cuyos sesos son tan grandes como un pulgar. Aun así, funcionan apropiadamente.

Eso sí, tener un cerebro muy grande no implica ser superinteligente. Las vacas, por ejemplo, tienen bastantes sesos y eso no las lleva a ser muy listas. Los científicos creen que algunos animales de gran tamaño necesitan tener cerebros enormes para poder controlar su cuerpo. No obstante, a pesar de la monumental medida, estos no son más complejos que otros más pequeños; de hecho, en la mayoría de los casos están formados por circuitos neuronales que se repiten una y otra vez.

Lo verdaderamente importante en cuestiones de inteligencia es el tamaño relativo del cerebro. Es decir, qué volumen del cuerpo ocupa y, sobre todo, la complejidad de sus conexiones neuronales.

En relación con lo anterior, el elefante es el animal más sesudo que existe. Su cerebro pesa 5.5 kilos y, curiosamente, está situado en la parte trasera de la cabeza y no en la delantera. Es considerado uno de los animales más inteligentes del planeta, junto con el delfín y el chimpancé que ocupan, empatados, el primer lugar en el podio. Los tres, además, ostentan un neocórtex enorme en comparación con otros mamíferos, la región del cerebro encargada de pensar y de muchas funciones cognitivas superiores, como la empatía, hacer planes, razonar o comunicarse.

En los animales más pequeños, la ley de proporcionalidad del cerebro respecto al cuerpo no parece funcionar. De hecho, seres diminutos poseen órganos enormes para su tamaño, como las arañas, en las que el cerebro ocupa el 80% de sus cuerpos y como no les cabe en la cabeza, se desparrama por sus patas. Esa relación de escala es laregla de Haller, popularizada por el biólogo Bernhard Rensch, en 1948, y descrita por el médico, naturalista y botánico suizo Albrecht von Haller en el siglo XVIII.

Además, puede haber diferencias de medidas entre individuos de una misma especie. En un estudio realizado por científicos de la Universidad de Minnesota y publicado en Proceedings of the Royal Society B, la bióloga Emilie Snell-Rood examinó una colección de calaveras de 10 especies y vio que algunos animales, como los ratones, tienen un cerebro 6% mayor que sus parientes que viven sin contacto con los humanos. También halló cambios en musarañas y murciélagos. Según esta investigadora, un cerebro mayor supondría un aumento en la capacidad cognitiva, lo que podría haber ayudado a los animales urbanos a adaptarse a los nuevos desafíos de encontrar.

Pero hay más en relación con el tamaño. Investigadores de la Universidad de Oxford publicaron en la revista PNAS un estudio en el que, tras analizar la historia evolutiva del cerebro de distintos mamíferos que han vivido en los últimos 60 millones de años, afirman que han hallado un vínculo entre el tamaño del cerebro y el grado de sociabilidad. Según estos científicos, los cerebros que más han crecido a lo largo de la historia son los de monos, seguidos por los de caballos, delfines y perros. Los mamíferos con los cerebros más grandes suelen vivir en grupos socialmente estables, que requieren cooperación y coordinación. En contraparte, los que menos han aumentado son los de gatos, ciervos y rinocerontes, animales más solitarios.

Este reportaje apareció en el número especial del Cerebro

http://quo.mx/revista-quo/2015/05/18/las-neuronas-animales

 

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