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Por una política pública animalista

Foto: archivo proyecto40.com

 

4.500 animales son abandonados cada año, y unos 6 mil son sacrificados

Por: Sergio Grandas Medina
6 de octubre de 2014

El 4 de octubre es el día internacional de los animales, una iniciativa que nació en la ciudad de en Florencia, Italia. Pero que se tornó en un evento intencional en el año de 1980. En Colombia se prepararon eventos para esta celebración, entre los cuales la Séptima Marcha Mundial por los Animales, que se llevó a cabo el 5 de octubre.

La concentración se realizó en varias ciudades del país, en las principales plazas públicas a las 9 am. Y tuvo como objetivo promover políticas públicas que incluyan el respeto por la vida y los derechos de los animales.

Esta fecha coincide con la discusión que se está dando frente a la defensa y la promoción de los derechos animales proyecto que busca modificar el actual Código de Policía, en el que se incluiría sanciones por maltrato a mascotas y otros animales. Según el proyecto habrían multas para quienes incumplan las obligaciones con sus mascotas o animales a cargo. No darles comida, agua, no limpiar el lugar donde viven, dejarlos encerrados o amarrados por tiempos indeterminados (para el caso de las mascotas), abandonarlos y no tener cuidados veterinarios; son algunas de las conductas que se sancionan con el pago de más de 325.000 pesos.

Adicionalmente, plantea reglas y normas para las mascotas en el espacio público, como trasladar siempre a los caninos con correa (y bozal, para perros de raza potencialmente peligrosa) y a los felinos mantenerlos en maletines o con collares.

Las peleas de perros y su entrenamiento para este fin se sancionan con una multa de más de 650.000 pesos. Incluso, prohibiría “convertir en espectáculo público o privado el maltrato, la tortura o muerte de animales” salvo las excepciones que establecido la Corte Constitucional como las corridas de toros y peleas de gallos donde hay tradición cultural. Maltratar o herir intencionalmente a un animal, sepultarlo o desplumar a un animal vivo también sería sancionado.

Además el proyecto de Reforma del Código busca poner en cintura el uso de vehículos de tracción animal. Ya que quedarían prohibidos este tipo de vehículos en poblaciones de más de 100.000 habitantes y los alcaldes municipales deben controlar cuando se trate de actividades culturales o turísticas. En todo caso, no podrán ser empleados si están “enfermos, heridos, deformes, seniles, con parto reciente o desherrados”. Recargarlos hasta causarles agotamiento, heridas o la muerte tendría una multa de 325.000 pesos.

Para los defensores animalistas esta reforma era más que necesaria, pero desconfían de la eficacia, ya que recargaría a la Policía de nuevas tareas, ya que en muchos municipios del país ésta, no cuenta con la infraestructura y el personal de policía idóneo para vigilar y sancionar el maltrato o abandono animal.

La defensa y la promoción de los derechos animales también se traslada a la discusión sobre el abandono y al maltrato, al que son sometidas muchas mascotas, para poner en síntesis este drama; sólo en Bogotá las cifras son alarmantes. Se calcula que en la ciudad hay aproximadamente 90 mil perros y unos 140 mil gatos callejeros. Sin ningún tipo de atención en salubridad por parte de las autoridades distritales o por el Centro de Zoonosis.

Anima Naturalis denuncia que el sacrificio y el abandono de animales, especialmente de perros y gatos, sigue aumentando. 4.500 animales son abandonados cada año, y unos 6 mil son sacrificados en el mismo tiempo. Cifras que reflejan y llaman la atención por la tenencia irresponsable de mascotas.

Otro drama que muy pocos conocen en el país es el tráfico de animales, que comienza a constituirse en el tercer negocio ilegal después del narcotráfico y el tráfico de armas, con cifras realmente alarmantes.

Mensualmente en el primer semestre de 2014 se llegaron a incautar en promedio cerca de 1.700 animales silvestres en todo el país, y solo en dos meses consecutivos se alcanzaron a confiscar 160 animales en el aeropuerto Eldorado de Bogotá, de acuerdo con cifras de la Secretaría Distrital de Ambiente.

En el 2013 incautaron 400 pericos bronceados, 350 tortugas hicoteas y 120 monos tití grises, lo que las convierte en las tres especies más traficadas por su gran representatividad y valor comercial en el mercado negro de tráfico de animales.

De acuerdo con un grupos de investigación de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de la Universidad Nacional de Colombia, la gente no conoce la importancia que tiene la fauna silvestre en el país y, en definitiva, esta es una de las razones por las cuales se facilita este tipo de tráfico.

“La gente tiende mucho a contradecirse. Un gran porcentaje de personas conocen a alguien que ha tenido (incluso ellos mismos) animales silvestres, pero al preguntarles si sacarían un animal silvestre de su hábitat todos contestaron que no. Eso nos llevó a ver que hay una contradicción, más que todo de pensamiento, porque las personas tienden a responder lo que es socialmente aceptado pero no dan su punto de vista, su criterio en sí”, señaló Mario Delgado, estudiante de Medicina Veterinaria de la U.N., quien hace parte del grupo de investigación.

El separar a animales nativos de sus espacios o territorios los expone a enfermedades y estrés, a parte de afectar el equilibrio de su entorno natural, ya que estos cumplen funciones importantes que muchos desconocemos. Los animales silvestres además pueden ser transmisores de enfermedades, que podemos contraer silenciosamente.

Muchos animales silvestres después de su tráfico ilegal llegan muertos a sus destinos, al sufrir cambios bruscos en la temperatura, presión y al ser sometidos a largas horas de viaje sin alimento o agua, hacinamiento y maltrato por las condiciones de transporte. Según cifras oficiales de la Secretaria de Ambiente de Bogotá, de cada diez animales vivos que se sacan de su habitad solo uno llega.

Los animales que son sometidos al tráfico ilegal provienen, principalmente, de los departamentos de Caquetá, Chocó, Arauca y Putumayo, y los destinos a los que más se exportan de manera ilegal son España, Francia, Estados Unidos y Canadá.

Además el tráfico ilegal no solo se limita a los animales vivos, sino también a los animales muertos o disecados, y que, de igual modo, se comercia con su carne, piel y huevos.

La Legislación Colombiana contra el tráfico de animales es estricta, pero se queda corta, por la poca infraestructura e instituciones oficiales dedicadas a atender y trasladar a estas especies nuevamente a sus habitad. Y la Policía Ambiental, es una dirección con poco personal especializado para atender e investigar delitos contra la fauna del país.

El maltrato, el abandono y el tráfico de animales para los defensores es un tema de falta de cultura ciudadana y educación. En donde los cuidados comprendan la responsabilidad que implica tener una mascota en casa, ya que al final ésta se convierte en un miembro más de la familia. Y que un animal silvestre debe conservarse en su habitad natural, que extraerlo implica un desequilibrio de los ecosistemas.

En Colombia es necesaria una política nacional animalista coordinada que destine recursos para crear nuevas instituciones y fortalecer las existentes, que permitan acciones eficaces para proteger los derechos animales y sancionar a quienes infringen las normas y leyes. Pero también el trabajo de estás instituciones oficiales debe ser enfocado en la promoción de políticas educativas, que fortalezca la cultura ciudadana frente al cuidado y el respeto animal.

http://www.las2orillas.co

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