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Salud pública veterinaria

Aníbal Vallejo Rendón

EL MUNDO, 20 de Abril de 2015

Si años atrás la preocupación de la salud pública veterinaria eran los riesgos de la contaminación química del medio ambiente y la cadena alimentaria.

Los plaguicidas, la contaminación de las aguas por desechos de origen animal, las toxinas naturales y los residuos de medicamentos en los alimentos, ahora han cobrado importancia las zoonosis emergentes cuya incidencia en el ser humano constituye una amenaza latente. La globalización de la oferta de alimentos, el uso generalizado de agentes antimicrobianos en humanaos y animales, el mayor contacto con estos, favorecen la propagación de enfermedades infecciosas.

Estas enfermedades de origen zoonótico se pueden transmitir sobre todo por los alimentos y el agua, por la resistencia a los antimicrobianos y por las enfermedades transmitidas por vectores.

La salud pública depende de la salud animal en los países en desarrollo porque afectan directamente a las existencias de alimentos para el consumo humano. En nuestras ciudades son miradas con recelo aquellas zoonosis transmitidas por los animales más cercanos que han marcado profundamente a la sociedad por la matanza cruel sobre todo de los perros presumiblemente rabiosos. Pero hay otras manifestaciones preocupantes en los animales de abasto. En 1991 en Haití un brote de peste porcina africana exigió el sacrificio de casi todos los cerdos de la isla. Las razas autóctonas fueron remplazadas por razas mejoradas. Sin embargo, los porcicultores siguieron perdiendo ingresos porque las nuevas razas de cerdos no eran suficientemente resistentes para recorrer las largas distancias hasta el mercado para su venta. En 1998 los brotes de fiebre del valle del Rift se vincularon a las torrenciales lluvias en el nordeste de Kenia, el sur de Somalia y la República Unida de Tanzania. Varios centenares de miles de cabezas quedaron afectadas, con tasas de mortalidad de 50% a 75% en las primeras etapas del brote. Se notificaron más de 89.000 casos humanos, de los cuales más de 300 fueron mortales.

Los animales productores de alimentos son el reservorio de muchas enfermedades de transmisión alimentaria emergentes. Riesgos que es necesario enfrentar por parte de la comunidad con hábitos alimenticos carnívoros. Y no satanizar a los cercanos como si fueran los responsables de la propagación de enfermedades.

www.elmundo.com.co

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