Por Anibal Vallejo R.
Barry Horne estuvo en la cárcel. Pero no por violador, ni por malversación de fondos, ni por asesino, ni por pegarle a sus hijos. Fue condenado a 18 años de cárcel por arriesgar su libertad para liberar a otros seres que solo tenían un futuro de sufrimiento y muerte.
Recibió la condena más larga que nunca ha recibido un activista por la liberación animal. Hizo cuatro huelgas de hambre, de las cuales la más larga duró 68 días, y en la última su cuerpo no resistió. Murió el 5 de noviembre de 2001 a los 49 años de edad. Su causa lo convirtió en la imagen de Animal Liberation Front (ALF) ya que los medios le dieron amplia repercusión en su exigencia al gobierno británico para el cumplimiento de la promesa electoral de la creación de una comisión oficial con el fin de regular la experimentación con animales, promesa del partido laborista cuando llegó al poder en 1997. En su funeral una pancarta señalaba “Laborista mintió, Horne murió”, Tony Blair había incumplido su promesa. El 5 de noviembre los activistas por la abolición de la vivisección conmemoran su muerte.
La idea original de Animal Liberation Front es rescatar a los animales que están siendo objeto de crueldad por parte de los humanos, ya sea en laboratorios, circos, granjas intensivas, etc, por medio de acciones de rescate sin herir a ningún ser humano. En una de estas acciones en los laboratorios del doctor Genarelli en la Universidad de Pensilvania se apropiaron de 34 cintas de video que recogían macabros experimentos con primates. Los medios de comunicación ayudaron a difundir el horror que se encerraba en esos laboratorios ya que en las cintas se veía cómo los primates eran golpeados en la cabeza hasta morir, mientras los asistentes del laboratorio se burlaban de su agonía. Asimismo activistas del grupo lograron filmar cómo trabajadores del Huntingdon Life Sciences golpeaban y aterrorizaban cruelmente a perros beagle sometidos a dolorosas pruebas de laboratorio lo cual permitió instaurar 23 cargos de crueldad con los animales. La lucha contra este laboratorio, el más grande de Europa, es la lucha para evitar el que cada día se sacrifiquen cruelmente a una media de 500 animales en experimentos con insecticidas, colorantes, fertilizantes o productos farmacéuticos. No tienen suficiente con enjaular, envenenar, abrir en vivo sus cuerpos, asfixiar perros, monos, e infinidad de especies animales, sino que además el trato que se les da es violatorio de la dignidad de cualquier ser vivo.
En 1997 Horne fue condenado por la corte de Bristol a 18 años de cárcel acusado de haber propiciado varios incendios en establecimientos que abusaban de los animales entre ellos en la isla de Wight sobre el cual siempre insistió en su inocencia y tras 14 ruedas de reconocimiento nunca fue involucrado en los hechos ni pudieron encontrar pruebas que lo inculparan. “La lucha no es por nosotros, no es para nuestras necesidades personales. Es por cada animal que siempre ha sufrido y muerto en los laboratorios de vivisección, y por cada animal que sufrirá y morirá en esos mismos laboratorios a menos que nosotros terminemos este negocio perverso ahora”. Su grito fue acallado y su muerte olvidada. Como siguen siendo acallados los gemidos de millones de animales torturados bajo el pretexto de la ciencia, bajo el manto de la investigación, bajo el argumento del hambre, bajo el dominio del hombre destructor.
El Mundo 20 de Noviembre de 2007