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ESTOS SERES QUE NOS ACOMPAÑAN

Por Anibal Vallejo R.


Desde los comienzos de su existencia en la tierra, el hombre echó mano de los animales, compañeros para facilitar la larga y lenta marcha del progreso. Los animales le han dado sustento, calor , alimento, compañía, inspiración. Al domesticarlos los puso a su servicio tanto en la paz como en la guerra ; en su sed de conocimiento y de dominio también le han sido útiles, para protegerlos y cazarlos, para estudiarlos y venerarlos, para explotarlos.

Los animales de compañía existen prácticamente en todas las sociedades. El hombre tiene animales domésticos desde hace 10.000 años, y desde mucho antes capturaba y domesticaba animales salvajes que guardaba como compañeros sin ocuparse de su reproducción. La importancia de los animales de compañía en la moderna sociedad industrial se pone constantemente de manifiesto en la prensa, el cine y los libros. Del perro, en particular, suele decirse que es “el mejor amigo del hombre”. Desde un punto de vista simbólico, estos animales pueden representar la íntima relación que existe entre la madre y el niño de corta edad, caracterizada por una devoción absoluta y sin reservas, por el amor y por la veneración, y pueden contribuir a facilitar el paso de la primera infancia, de la dependencia a la autonomía y del aislamiento a la integración social en distintas épocas y etapas de la vida. Freud, que reconoció la singular e importante función que cumplen éstos en la vida de las personas, escribió : “Esa función explica por qué se puede querer a un animal … con tal intensidad ; cariño sin ambivalencia, sencillez despojada de todos los conflictos insoportables de la civilización , belleza de una existencia completa en sí misma … esa sensación de íntima afinidad, de solidaridad indiscutida.”

La convicción popular de que la compañía de los animales es beneficiosa para el hombre ha adquirido un fundamento científico. Su presencia alivia la soledad y el abatimiento de sus amos y les sirve de estímulo para cuidar de sí mismos y para realizar toda una serie de actividades cotidianas útiles. La compañía de un animal reduce el grado de ansiedad y de tensión porque aquel se convierte en centro de atención y procura una sensación de seguridad. Además, puede contribuir a que el dueño se mantenga en buena forma física o a que la mejore, al brindarle una motivación para hacer ejercicio. Aunque la mayor parte de los estudios sobre los efectos de los animales en la salud se han centrado en los perros, no faltan pruebas de que otros animales son igualmente beneficiosos.

La soledad puede provocar enfermedades o agravarlas e incluso acarrear un desenlace fatal. La compañía de un animal puede mejorar el estado de salud al reducir los efectos patológicos de la falta de contacto con familiares o amigos íntimos. Las personas de edad, que son particularmente vulnerables a la soledad y a la separación de sus parientes y conocidos, pueden encontrar en los animales un consuelo extraordinario, ya que éstos se convierten en auténticos compañeros para sus propietarios, que a menudo los consideran como miembros de su familia, les hablan como si fueran personas y tienen la impresión de que son sensibles a sus diferentes estados de ánimo.

En un estudio sobre los factores sociales, psicológicos y fisiológicos que influyen en la supervivencia de los pacientes con enfermedades cardíacas coronarias (dolor intenso en el pecho o ataque al corazón), se estableció una correlación entre el hecho de tener un animal de compañía y el de sobrevivir un año. De 53 enfermos propietarios de un animal, solamente 3 fallecieron durante el año siguiente a su ingreso en un hospital, frente a 11 fallecidos en ese mismo periodo de 39 que no tenían animales domésticos.

Los animales facilitan las relaciones con otros individuos y pueden contribuir así a que su dueño disponga de más compañía. Son muchos los propietarios de animales que, cuando están hospitalizados, piden diariamente información sobre ellos. La compañía de los animales suaviza impresiones como la soledad, la falta de reciprocidad en los afectos, la sensación de inutilidad, la pérdida de la estima, actuando como amortiguador del choque que producen los problemas, los desengaños, los duelos y otros hechos dolorosos. Ocuparse de un animal puede mejorar la imagen que cada individuo tiene de sí mismo y contribuir a que se ocupe de su propia persona. En una encuesta realizada en Estados Unidos entre jubilados, los que poseían algún animal se sentían mucho más autosuficientes, seguros, útiles, autónomos y optimistas que los demás. Se ha llegado a recurrir a los animales de compañía como aliciente para que las personas de edad se ocuparan mejor de sí mismas y a varias de ellas se les facilitó pájaros que requerían un ambiente caluroso en las época de invierno. Ninguno de los ancianos preocupados por mantener la temperatura de las aves llegó a sufrir de hipotermia en ese invierno. Una de las principales causas de fallecimiento de los ancianos en Edimburgo. Así como se reconoce la importante función que desempeña el sentido del tacto a lo largo de la vida del hombre. El simple hecho de tocar a un animal reduce la ansiedad y la tensión. Y acariciarlos no sólo es una manera de expresar afecto, sino que ejerce además un efecto benéfico en el sistema cardiovascular del amo. Como es raro que se acaricie a un animal sin hablarle al mismo tiempo, no cabe evaluar el efecto propio de una y otra actividad. Efecto sedante y benéfico del vínculo que se establece entre el hombre y el animal. Estos proporciona una sensación de seguridad, tranquilidad y confianza. A las personas les apetece más dar un paseo, salir de la casa o visitar a sus amistades si van acompañadas de un animal o si éste se queda cuidando del hogar en su ausencia.

Hasta los políticos acogen la compañía de los animales domésticos ya que éstos agregan una nota placentera, y ayudan a crear un ambiente amable. Así las situaciones presentadas públicamente parecen más gratas y menos intimidantes.

Ocuparse de un animal puede ser beneficioso para la salud en la medida en que supone una responsabilidad, obliga a respetar un horario e inclina a adoptar un estilo de vida más variado. Aceptar la responsabilidad de cuidar de un animal puede resultar particularmente provechoso para aquellas personas cuyas actividades están limitadas por enfermedades crónicas, por deficiencias o por el aislamiento social. En la primera infancia los animales de compañía son un vínculo de unión con la naturaleza y enseñan a respetar a otros seres vivos.

Cuando se ha establecido una relación con un animal, resulta más fácil relacionarse con el prójimo. (datos tomados de un artículo de Erika Friedmann).


Periódico El Mundo, 27 de Abril de 1999

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