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ENTRE COMILLAS

Por Anibal Vallejo R.

Se ven recién pintaditos de blanco los muros exteriores de la plaza de toros La Macarena, que terminan en arcos parecidos a las formas de las lápidas de los cementerios, a las que solo le faltan los nombres de los muertos para ser cambiados con cada temporada. Allí podían estar grabados Sevillano, Embrollón, Adulador, Prisionero, Lechuzo, Emisario, Bonito para un total de 36 nombres por cada feria, como referencia de los miles de animales que dentro del albero macareno han sido sacrificados.

Hay que acicalar el matadero, la llamada ” coqueta y señera Plaza de Toros La Macarena”.

El aficionado a los toros, constituye minoría y conforma un núcleo exigente que selecciona los carteles por lo cual la actividad taurina no puede contar con ellos en forma permanente. De ellos hay quienes consideran que si se precian como verdaderos aficionados sus abonos deben corresponder a toda la temporada. Otros de ellos, que son la mayoría, ceden sus abonos a familiares y amigos que no son asistentes habituales, cuando presumen que toreros y encierros no merecen su tiempo.

Fue motivo de discusión la importación de encierros españoles la que originó la decisión de las asociaciones de ganaderos, reconocidas oficialmente, de no venderles sus toros. Para esa minoría de aficionados la expectativa es la presencia de toros bravos y toreros reconocidos.

Según Nicolás Salas ( Secretos del mundo de los toros) hay otro público que lo conforman los espectadores- tipo y los espectadores eventuales que son quienes sostienen la fiesta taurina y la hacen posible con sus aportes. A éstos corresponden más de dos tercios de los asistentes a las corridas. En síntesis, son personas que no saben lo que están viendo en el ruedo.

Juan Paz anotó en su columna : “No hay ambiente para la temporada taurina. Los cronistas están tratando de que prenda, pero se juntaron las vacas flacas : Cali no dejó transmitir las corrida ; los carteles son tirando a amateur ; la crisis económica es tesa … ” .El ex-torero Marcial Lalanda dijo que “el público que ahora llena las plazas es un público pasajero, de turistas y de gentes atraidas por ciertas modas… Pero si no se autentifica la fiesta, sin no retornan a ella los aficionados, los toros se convertirán en un espectáculo de exhibición”.

El mismo Fernando González, “Pacheco” a la pregunta de si hay crisis en la fiesta ? (revista La Mejor), contestó : “Definitivamente sí. Ahora mismo ya ni en España se llenan las plazas fuera de las ferias. Vaya a Las ventas en corrida fuera de San Isidro y no hay más de un cuarto de plaza compuesto por japoneses y turistas que se salen al tercer toro, o suecos que se tapan los ojos cuando salen los picadores. La culpa la tenemos todos porque estamos dejando comercializar la fiesta exageradamente”.

Para terminar cito a Gerardo Diego :

Licitud de la fiesta, ¿ quién dibuja

la frontera entre el juego y el pecado ?

¿Entre la bestia que al abismo empuja

y el deleite del puro aficionado ?

Periódico El Mundo,

28 de enero de 2000

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