Por Anibal Vallejo R.
Por una Europa sin corridas” parece ser la convocatoria que ahora congrega a los abolicionistas del espectáculo. Cunden las protestas frente a las embajadas españolas en Londres, en Moscú, en Paris, en Roma. Así como en Madrid, en Barcelona, en Washington, en Perú, en México, en Bogotá, en Medellín…
El 25 de junio ha sido señalado como el día mundial antitaurino, pero no es la única fecha para el activismo. Los ayuntamientos de 46 poblaciones españolas las han declarado contrarias a las corridas de toros, empezando con Tossa de Mar, Girona, que lo hizo en 1989. El interés de los españoles por esta tradición ha perdido peso con el tiempo. El 55% de los españoles que estaban interesados en los festejos en la década de los 70 se redujo hasta el 50% en los años 80, y en torno al 30% en la última década del siglo XX. En julio de 2002 el estudio Intergallup cifró en 68.8% el índice de españoles que no mostraba ningún interés por las corridas de toros.
El seminario abierto “Por una Europa sin corridas” organizado por Los Verdes en el Parlamento Europeo; la segunda cumbre internacional para la abolición de la tauromaquia con participación de 30 organizaciones de Europa y de latinoamérica; la recolección de 700 mil firmas por ADDA Barcelona para promover el cambio de la legislación a favor de todos los animales; las intervenciones de seis activistas de Equanimal que saltaron al ruedo en pleno espectáculo en la plaza de Las Ventas con carteles abolicionistas mientras otros se colgaron en los arcos de la puerta grande; la protesta de integrantes de Igualdad Animal pintados de rojo, como si fuera sangre, en Madrid y los que subidos en lo alto de la silueta de un toro de Osborne en la localidad madrileña de Valdemoro colgaron en su costado una leyenda por la abolición de la tauromaquia; los manifestantes que con cuernos y capas de toreros pidieron en Roma que se decrete la jornada mundial contra las corridas, muestran todos cómo las generaciones jóvenes manifiestan el rechazo por el espectáculo que cada día va de capa caída.
Una mirada a la actividad que lo conforma da señales inequívocas de lo que se trata: de un negocio. El empresario Oscar Martínez “Chopera” anunció que no va a dar la corrida de primavera. Dice que desde que empezó en 2002 con esta corrida extraordinaria a la que asistieron más de diez mil espectadores, el año pasado rebajó a tres mil, lo cual demuestra que Logroño es una plaza que funciona durante la feria, pero no fuera de ella ya que en 2007 sólo se vendieron dos de los palcos del callejón. Los parámetros comerciales de este negocio son buscar la máxima eficiencia con el menor costo. Aproximadamente 1.200 ganaderos de toros de lidia generan al año 37 mil toros para ser lidiados en 3.300 plazas entre las fijas y las eventuales lo cual genera 2.500 millones de euros y se mantienen 15.000 familias.
De esa cantidad 1.350 millones de euros proceden de la actividad directa relacionada con las entradas, los toros, los derechos de imagen, la carne, etc mientras el resto se debe a actividades adicionales como bares, restaurantes, transporte, taxidermia.
El 70% de los municipios que existen en España cada año celebran 17 mil festejos taurinos. Sin embargo el negocio es deficitario en la mitad de las plazas y si unos pocos ganaderos con hierros reconocidos y figuras del toreo se llevan la mayor cantidad de los ingresos, otros cientos de ganaderos, apoderados, matadores y demás del mundillo, sobreviven como pueden a la espera de alguna oportunidad.
¿Cuánto vale un toro? Depende del hierro, la categoría, la edad, el tipo, el trapío, contando que la bravura se supone. Los ganaderos más prestigiosos nunca dan el precio del astado hasta que no se lo enseñan al cliente. Si este detecta deficiencias y objeciones, tendrá un precio. Si no se percata de ello tendrá otro mucho más alto. El precio en una ganadería de prestigio puede oscilar entre 5 y 6 mil euros, duplicarse y hasta triplicarse.
Hace 40 años el ganadero decidía los toros y el orden en que se toreaban. Ahora lo hacen las figuras y sus apoderados. Sólo 60 de los 1.350 millones de euros que mueve la fiesta llegan a los ganaderos. Los diez primeros del escalafón del toreo se pueden llevar entre 120 y 140 mil euros por una corrida. Los aspirantes en este mundo de gloria y tragedia se conforman con tres mil euros.
EL MUNDO 17 de junio de 2008