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Conejílopes, lobirratas

Por Anibal Vallejo R.

En los últimos meses en el Zoológico Santa Fé han nacido un cachorro de elan, un paujil, un papión sagrado, varios monos araña y un hipopótamo, entre otros. Quizás algunos de éstos nombres suenen extraños. Qué decir entonces al hablar de conejílopes, lobirratas, gigantílopes, o lo que los biotecnólogos ya han imaginado: humanos con branquias. (Revista Muy Especial, verano de 1995). Se puede predecir cómo serán los animales de un futuro remoto? El registro fósil nos revela una clara regla de la evolución: las criaturas grandes y muy especializadas tienden a desaparecer rápidamente. Su lugar vienen a ocuparlo animales pequeños no especializados, que crecen y se especializan a su vez. Ante una futura extinción en masa el conejo constituye un buen candidato a la supervivencia. Dougel Dixon, quien se ha ocupado en imaginar ese futuro dice que el conejo es pequeño, no especializado y su índice reproductivo asegura una rápida renovación generacional. Un grupo de conejos podría desarrollar pezuñas, patas más largas para correr más rápido y cabezas alargadas, todo lo cual les permitiría aprovechar el nicho ecológico que ocupaban los grandes rumiantes antes de su extinción.Tales conejos adoptarían la forma superficial del caballo, el antílope o el canguro. No es tan inverosímil. De hecho, hace 50 millones de años, los ancestros del caballo actual eran animales muy pequeños, casi del tamaño de un conejo. Hablaríamos así del conejílope ártico, del conejílope común y del conejílope montés.

Los científicos nos han dicho bastante acerca de la clase de mundo en el cual vivimos. Y los métodos científicos pueden ayudarnos a aprender sobre la clase de mundo que podríamos tener y cómo hacer para obtenerlo.

La biotecnología permitirá crear cerdos que proporcionen una carne sin colesterol, así como vacas que den leche desnatada. La introducción de genes que estimulen la hormona del crecimiento harán más económica la cría de animales. Los experimentos realizados con salmones demuestran que es posible hacerles crecer rápidamente: en un año pueden llegar a alcanzar hasta once veces el tamaño de sus congéneres normales y pesar 37 veces más.

Una visión pesimista del futuro habla de dos plagas: la ruina ecológica y la guerra. La primera podría ser consecuencia de un consumo excesivo de proteínas por parte del mundo industrializado. Para producir un kilo de carne se requieren al menos 10 kilos de cereales-pienso. Esas sociedades carnívoras son depredadoras, porque necesitan grandes extensiones de tierras agrícolas y esquilman los mares.

Una viisión optimista presenta una humanidad alimentada con dietas equilibradas, en las que disminuya la ingestión de proteínas animales y aumente la de vegetales, sobre todo de legumbres.

Las especies que están en peligro de extinguirse requieren ser protegidas y aumentadas, al menos no diezmadas irracionalmente. Los humanos suelen pensar acerca de los animales como si solo fueran plagas o piezas para cazar.

Por ello uno de los últimos cambios en la historia de la geología, que contribuyó a la extinción de un número de especies, fue el desarrollo de un gran bípedo, primate omnívoro, capaz de cazar en forma eficiente: el hombre.

EL MUNDO 18 de marzo de 1996

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