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Cultura del perro

Por Anibal Vallejo R.

La palabra “cultura está en voga, se la utiliza para designar aspectos bien contradictorios: la cultura de la muerte, la cultura del amor, la cultura de la vida, de la violencia, del narcoterrorismo … l

Y como la cultura engloba los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias, ahora se está hablando de la “cultura del perro”.

Y es que como costumbre se está acentuando la relación hombre-perro. Relación que es milenaria pero ahora se establece bajo el sentido de la dominación, de la fuerza, de la agresividad, del temor.

Basta mirar en los últimos días cómo se ha extendido esa apreciación en los hechos diarios. Perros entrenados revisando minuciosamente el recinto de la Cámara de Representantes durante el Proceso 8.000. Perros revisando aviones ante posibles atentados terroristas, revisando carga en los aeropuertos, pasajeros en tránsito. Perros revisando vehículos a la entrada de dependencias oficiales. Perros en corporaciones de ahorro, en bancos, afuera, adentro.Perros en los controles de acceso en unidades multifamiliares de vivienda. perros cuidando fábricas, transporte de valores, parqueaderos. Perros estos con raza conocida, con acompañantes vestidos de negro, como ellos.

Pero también los vemos sin raza definida, sin llamativas cadenas, amarrados con cabuyas al cuerpo dormido de su compañero tirado en cualquier rincón, en los andenes, debajo de los puentes, en el sendero que bordea el Paseo del Río.

En las calientes planchas de cemento de los barrios durante el día. En las frías terrazas sin techo en las noches. Bajo el sol, bajo la lluvia. En los talleres de mecánica grasientos y mugrosos debajo de los carros. En los cambiaderos de aceite, en los depósitos, en las bodegas, en los solares. Siempre cuidando. Cuidando la morada del que dice ser su amo, para avisarle cuando llegan los ladrones, para ahuyentar a los vecinos que invaden su espacio. Para que no se arrimen los viciosos, para que le cuiden las gallinas. Para que atemoricen a los niños que juegan cerca a su propiedad, para que hagan bulla, para que ladren, para que todos sepan que allí hay un guardián.

En el mes de junio recogimos y recibimos en el Albergue San Francisco de Asís de la Sociedad Protectora de Animales, ciento doce perros rechazados por sus dueños. Por que ya no les sirven para nada. Y estos no son todos los que abandonados en calles y avenidas de la ciudad buscan un lugar para sobrevivir. No alcanzamos a atender un número tan elevado que desborda nuestra capacidad. Según el reporte veterinario se practicaron 47 eutanasias de caninos entre la población existente y los nuevos ingresos. Por enfermedades como el moquillo, el parvovirus, la hepatitis, por fracturas y luxación, como causas más frecuentes. Y esto sin contar los felinos.

De cada 10 animales solamente 2 tienen un hogar, los 8 restantes andan sueltos, deambulando,y terminan muertos en las calles por atropellamiento, por el maltrato,

por la violencia humana, por hambre, por enfermedades, o eutanasiados.

Se está presentando con exageración la agresividad canina.Si bien puede constituír un elemento de disuación no debe convertirse en un símbolo de represión como llegaron a ser ciertos animales en determinados períodos históricos.

Si un perro no recibe el entrenamiento adecuado será como una bala perdida, pronta a dispararse en cualquier momento.

ELO MUNDO 4 de agosto de 1996

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