Por Anibal Vallejo R.
Entre el 6 y el 8 de Agosto, en el marco de la Feria de las Flores, se realizará el primer Torneo Nacional de Coleo. En este evento se ofrecerán como espectáculo para la diversión, 24 ejemplares diarios de la raza cebú, con un promedio de 450 kilos, los cuales serán sometidos al maltrato para el deleite de los asistentes. Señalada como “una actividad riesgosa”, se busca la caída del animal, de lado, en los cuartos traseros, siempre esperando la vuelta de campana, el dominio del toro que no da carrera. Para hacerle levantar de nuevo, se le punza con un palo, se le hala para retirarlo. La diversión con el animal le hace perder hasta 25 kilos de peso en una de tales faenas. Por ello muchos ganaderos evitan prestarlos. Además está el riesgo de que se fracturen con la violencia de la caída. Como atractivos ofrecen la degustación de platos preparados con chigüiros, mamíferos del tamaño de un cerdo pequeño, y además la entrada libre para los niños menores de 5 años. Como quien dice : un espectáculo completo, maltrato animal, sacrificio, donde no podían faltar los niños para aficionarlos a una diversión que necesitará de seguidores para el futuro. Es esta una buena oportunidad para insensibilizar a las nuevas generaciones, que acompañadas por las personas mayores empezarán a consolidar sus sentimientos de indiferencia hacia las especies animales haciéndoles perder los valores de respeto por los seres vivos. Formarán su creencia de que todos los animales están para utilizarlos a su antojo, sin miramientos y sin compasión.
Como si no fuera suficiente el maltrato diario a que son sometidos los animales, tienen que recurrir a ellos para las diversiones más insospechadas, para cualquier festejo, para cualquier celebración. ¿ Cuándo podrán sobrevivir los animales sin el hostigamiento humano ?.
Los proteccionistas nos pronunciamos en contra de todos estos espectáculos degradantes con los animales en los cuales se les convierte en motivo de diversión. Las corridas de toros, el coleo, el rejoneo, la riña de gallos, el tiro al pichón, los rodeos , hacen perder la sensibilidad del ser humano frente al dolor y el sufrimiento animal.
Con estas prácticas se pierde el respeto hacia otras formas de vida, se incita a la violencia y a la utilización de la fuerza bruta como medio de dominación, antivalores éstos de la verdadera civilización. Se pierde la identidad cultural de los pueblos al adoptar rezagos de vida primitivas que no les pertenecen, se estimulan actividades violentas mediante el sometimiento de los animales domésticos para que asuman actitudes salvajes en el momento señalado.
La Ley 84 de 1989, Estatuto Nacional de Protección Animal, presume hechos dañinos y actos de crueldad para con los animales : Herir o lesionar a un animal por golpe, quemadura, cortada o punzada o con arma de fuego. Causar la muerte innecesaria o daño grave a un animal obrando por motivo abyecto o fútil. Causar la muerte inevitable o necesaria a un animal con procedimientos que originen sufrimiento o que prolonguen su agonía. Enfrentar animales para que se acometan y hacer de las peleas así provocadas un espectáculo público o privado. Convertir en espectáculo público o privado, el maltrato, la tortura o la muerte de animales adiestrados o sin adiestrar. Usar animales vivos para entrenamiento o para probar o incrementar la agresividad o la pericia de otros animales.
¿ No caben aquí las variantes de esos espectáculos que utilizan a los animales ?. No obstante que han sido permitidos por el legislador colombiano que las excepcionó en las normas vigentes, a todas luces constituyen un despropósito ya que el fundamento de la ley fue reconocerle a los animales en todo el territorio nacional especial protección contra el sufrimiento y el dolor, causados directa o indirectamente por el hombre y en general prevenir el dolor y el sufrimiento de los animales.
Queda en la conciencia de los seres humanos pensar si lo que no está prohibido está permitido. Si no existen unos códigos naturales para regular la conducta humana. Si no es una actitud normal en el ser humano evitar el sufrimiento.
Es cuestión de principios.
EL MUNDO 29 de julio de 1999