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Comienzo difícil

Por Anibal Vallejo R.

El primer día laboral de este año 2.000, lleno de presagios y premoniciones, nos llegó con el albergue de la Sociedad Protectora de Animales completamente saturado y para continuar con el alto número de animales abandonados, ese día ingresaron 36. De éstos 6 eran perros pitbull.

Enorme daño el que se hizo con la divulgación de normas aún no aprobadas sobre la prohibición de la tenencia de éstos y otros caninos. En muy poco tiempo, además de las altas cifras de abandono, pérdida y accidentalidad ya frecuentes por este tiempo de fin de año y de vacaciones, llegamos a la imposibilidad física de sostenimiento de dicha población. En el mes de diciembre ingresaron 295 perros y 38 gatos de los cuales la mayoría eran hembras.

A nosotros nos cae la carga completa de albergarlos, alimentarlos, velar por su salud, evitar su reproducción, a lo cual se agrega la ya interminable recriminación de quienes acuden a la entidad a exigirnos, muchas veces en actitud hostil, la recepción del animal que por cualquier motivo es rechazado por su propietario.

La situación económica vivida en los últimos tiempos se ha sentido en la tenencia de los animales de compañía aumentando considerablemente su abandono por razones de incapacidad para sostenerlos. Es así como muchos propietarios acuden a nosotros para que se los recibamos, sin importarles para nada nuestro problema : sobrepoblación, falta de espacio, dificultades económicas. Y que a diario tengamos que enfrentar la triste realidad de la muerte por peleas debido al hacinamiento. Animales que mueren en su lucha por la sobrevivencia, primero defendiéndose de los humanos que los hostigan despiadadamente y luego, cuando logran un espacio en el refugio, en la competencia con los de su especie.

Todos los días del año hemos prestado nuestro servicio voluntario, sin interrupciones como lo hacen la mayoría de las entidades públicas y privadas. Con o sin el apoyo de la comunidad hemos sobrevivido quizás por gracia de San Francisco de Asís, patrono de la entidad. Porque a nadie se le ocurre pensar cómo es que nos sostenemos.

Muchos casos atendidos corresponden a animales que eran enfrentados con perros pitbull para despertarles a estos la agresividad, sin amo y que deambulaban por algún barrio de la ciudad al cuidado de personas sensibles preocupadas por su subsistencia y que no tenían otra opción que acudir a nosotros para ponerlos a salvo. Otros animales hostigados insensiblemente con la detonación de pólvora convirtiéndolos en motivo de la diversión decembrina. Así como repudiados por ser hembras, estar en gestación o amamantando sus pequeñas cría.

La situación se vuelve tan repetitiva que ya no encontramos cómo enfrentarla. Es muy difícil hacerle entender a la comunidad que nuestro trabajo es un voluntariado, que no somos trabajadores oficiales y que los frecuentes insultos e improperios con que se dirigen para demandar atención acaban con la disponibilidad de servicio y la amabilidad que caracteriza a los empleados.

Cuando los seres humanos desbordan toda su felicidad en medio de la bulla, las luces multicolores, la parranda, la música, el licor, el baile, las fiestas en familia o con los amigos del barrio, la especie animal es víctima de la insensibilidad, indiferencia y maltrato de quienes los consideran como simples cosas que están allí para su explotación.

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