Por Anibal Vallejo R.
Nos estamos refiriendo a ese mundo de fantasía y de superlativos que vuelven casi ininteligible la crónica de la adulación. El grueso público que va en busca de otras distracciones está muy distante de tan rebuscados términos. Las crónicas taurinas son escritas con pretensiones literarias, en las que el comentarista se extiende en descripciones de la entrada a la plaza, el aspecto que presentaban los tendidos, en citas eruditas de alarde técnico, hasta el tema de la política, los acontecimientos del momento, la infaltable presencia de las mujeres, la referencia a los trajes de moda y la trivial alusión de la compañía femenina de tal o cual personaje. Algunos cronistas utilizan incluso seudónimos, aunque su identidad es conocida por los aficionados no obstante que presuman de ser españoles.
Esos términos de la tauromaquia referentes a las condiciones y características del toro, a las plazas y sus dependencias, a los instrumentos de la lidia, a las suertes del toreo, circulan en la vena del idioma corriente de los españoles. Pero entre nosotros ese caudal de voces, metáforas, imágenes y alusiones procedentes de la fiesta de los toros son extraños, son prestados. Qué mal suena un acento español en un coterráneo presumido, como se escucha también en algunos toreros nacionales a los que se les ha subido la fiesta hasta creerse españoles.
En 1929 el profesor Wilhelm Kolbe presentó a la Universidad de Hamburgo una tesis para aspirar al grado de Doctor que tituló Estudio sobre el influjo de las corridas de toros en el lenguaje perifrástico español. En él agrupa frases y expresiones en varias secciones, caracterizadas por los elementos de la fiesta a que pueden referirse: 1 del toro español. 2 De las ganaderías. 3 De la plaza. 4 De las diversas clases de corridas. 5 Del toreo e instrumentos de torear. 6 De las suertes del toreo. 7 De los incidentes de la corrida.
Cornúpeta se refiere al toro de lidia, un neologismo en uso en los últimos años y que cada día se impone en el medio taurino. Aleonado hace referencia a la clase de toro según su estructura y significa que está cargado en el cuarto delantero. Carifosco quiere decir que tiene rizado el testuz. Para hacer la adecuada cita debería agregar badanudo (de mucha papada y basta piel) y galgueño (de vientre recogido). Así estaría refiriéndome a todo el animal, a las extremidades, a la cabeza, al cuello y al tronco del toro.
¡Qué lidia poder entender los términos empleados en esa extraña fiesta que se nos quiere imponer por temporadas y a la que se dedican cuartillas en los periódicos !
Al lector se le muestra una tarde de emoción plena de encantos en rebuscadas frases y a veces le queda la sensación de que disfrutó al máximo de una triunfal corrida. Es lo que se lee cuando se reproducen las palabras de los aficionados entrevistados que intentan en vano referirse con naturalidad a la fiesta que disfrutan sin saber por qué. Parecido a lo que le pasa al toro, se le domina con el engaño, es decir, con el toreo. Pero el torero no debe pasarse nunca, pues el toro aprende de prisa y cuando se da cuenta de que se le engaña, va por el torero.
En otras épocas muchos toreros tenían su comentarista de cabecera. Era el partidismo entre los escritores. El periodista José de la Loma (Don Modesto) era “bombista”, Mariano de Cavia “lagartijista”, Sentimientos “frascuelista”. “El mejor es Frascuelo”, “el mejor es Lagartijo”, “el mejor es Bombita”. Decía cada uno.
Así como hay cornúpetas aleonados y carifoscos, también los hay acochinados o sea de configuración similar a un cochino. Altos de agujas o con considerable distancia de la pezuña a la cruz. Burriciego que es el que tiene defecto en la visión. Colín escaso de cola. Corto con poca distancia de hocico a la cola. Cuajado con la edad reglamentaria y la presencia debida. Así como engatillado, enmorrillado, ensillado, galgueño, hondo, largo, rabicorto, rabón, serio, terciado y zancudo.
Qué listado de términos los utilizados para describir la pasional fiesta incluso hasta llegar a decir con muchos adornos que la muerte de alguno de esos toros fue brindada por la paz de Colombia en medio del frenesí colectivo por el animal sangrante que se desplomaba en medio de la arena.
La palabra todo lo puede y la muerte se vuelve, según los taurinos, en un sublime arte.
EL MUNDO 9 de febrero de 1999