Por Anibal Vallejo R.
La Organización Mundial de la Salud auspicia en Ginebra el estudio del supuesto vínculo entre las encefalopatías espongiformes transmisibles humanas y las padecidas por los animales. La enfermedad recientemente descubierta en el Reino Unido ha causado la muerte de diez personas . Actualmente hay más de 1 ¼ billones de cabezas de ganado en el mundo, criadas para satisfacer el hambre creciente por productos cárnicos. Esta industria internacional no sólo causa inmenso sufrimiento a los animales sino que también propicia la destrucción ambiental.
En los Estados Unidos se lanzó hace algunos años la campaña llamada “Además de la carne de res ” con el ánimo de reducir este consumo en todo el mundo. John Hoyt y Jeremy Rifkin son abanderados de esta iniciativa.
John Hoyt dice que la preocupación por las formas en las que los animales son criados, transportados, comercializados y sacrificados ha hecho que para muchos se reduzca significativamente el consumo de productos animales a lo largo de los últimos años.
Por lo general los animales de granja son tratados como si apenas fueran algo más que productos en una línea de ensamble, producidos masivamente mediante un sistema diseñado para velocidad y eficiencia, con poco interés por sus necesidades y peculiaridades. Si el transporte rudimentario es causa de sufrimiento y maltrato lo que sucede en los mataderos produciría repugnancia para los desprevenidos consumidores por los métodos que se emplean y la insensibilidad con que se les trata.
La campaña ” Además de la carne de res ” busca su remplazo , no con otras carnes, sino con cereales, frutas, nueces y vegetales.
La mayoría de las personas no se dan cuenta de la devastación causada por el ganado en el mundo. El que un número mayor de 1 ¼ billones de reses pasten en los campos, pisoteando la tierra, destruyendo la vegetación, depositando desperdicios que ocupan grandes espacios de la biomasa de la tierra ha hecho que desde 1960 más del 25% de los bosques de América Central hayan sido tumbados para crear tierras de pastoreo para el ganado.
Para fines de los noventa, dos tercios de toda la tierra agrícola de América Central estará ocupada por ganado y otros animales, la mayoría de ellos con destino a las mesas de los consumidores de carne norteamericanos. Y es que éstos ahorran por cada hamburguesa importada de América Central a costa del deterioro irreversible del medio ambiente de esos países. Para producir cada hamburguesa se necesita tumbar seis yardas cuadradas de selva para ser convertidas en pastos.
En México por ejemplo, el écologo Gabriel Quadri dice “etamos exportando el futuro de nuestro país para beneficio de unos pocos y poderosos ganaderos”. Y es que 37 millones de acres de bosques han sido destruidos allí, desde 1987, para proveer tierra de pastoreo adicional para el ganado.
Actualmente se considera que el ganado es la causa principal de desertificación de la tierra. La población de ganado, cada día en aumento, está causando grandes estragos a los ecosistemas terrestres.
Reduciendo el consumo de carne no solo estaremos mejorando nuestro planeta sino que estaremos buscando otras alternativas humanitarias exentas de crueldad, respetuosas de la vida para evitar el caos ambiental.
La Sociedad Mundial de Protección Animal plantea que ante la crisis del ganado se puede ayudar reduciendo el consumo de carne, urgiendo a que familiares y amigos lo hagan, aceptando solo carne de animales sacrificados humanitariamente y buscando la proveniente de criaderos que respeten las normas de bienestar en la cría.
Durante años he sido testigo de las crueldades horrendas que se cometen contra los animales. Empezando con las llamadas “mascotas”, que llegan a los hogares sin ninguna preparación para asumir tal responsabilidad. Siguiendo con los centros académicos que con el pretendido argumento de la investigación insensibilizan a los niños para utilizar a los animales como medios de prácticas para conocer aspectos que no les son necesarios en su incipiente formación. Hasta los universitarios que se exceden en su utilización para sustentar comprobaciones ya conocidas. En las fiestas, en los deportes, en el transporte, en el sacrificio para el consumo, en el cautiverio. En la violencia callejera, en los diarios atropellamientos de conductores insensibles que pudiendo evitarlo arrollan sin misericordia a los desorientados animales.
En el abandono de animales viejos, enfermos, con limitaciones físicas. De perras preñadas, de crías indeseadas. Animales apaleados, abaleados, quemados, envenenados, ahorcados, macheteados, apedreados, desmembrados, ensangrentados, con todas las posibles secuelas de la barbarie humana, con toda la saña que sus cuerpos pueden recibir.
Si a muchos estos actos pueden horrorizarle, a muy pocos les causa preocupación conocer el cepo del trampero, el animal crucificado abierto en canal para la experimentación, el degüello en el matadero, el conejo y los primates amarrados para ensayar en ellos productos de laboratorio, las granjas de cría intensiva.
Cómo poder degustar un plato de carne exento de crueldad?
EL MUNDO 10 de septiembre de 1996