Editorial

por: Aníbal Vallejo

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Porca miseria

Aníbal Vallejo R

EL MUNDO, 13 de abril de 2010

 

El amigo Sergio Esteban Vélez (EL MUNDO 23 de marzo de 2010) se refirió a una columna publicada en el periódico de Envigado por Rocío Vélez de Piedrahíta relacionada con la defensa que ella hace sobre las marranadas, para refutarla y concluir sobre “la nefasta influencia de la violencia en el seno familiar y social” que dicha práctica propicia. Compartiendo las opiniones del columnista, no es cuestión de buscar convencer a doña Rocío para que amplíe su círculo moral, ni para que a estas alturas de la vida cambie de actitud con las especies animales. Alguna vez al regreso de una reunión del Concejo Departamental de Cultura de un municipio cercano me preguntó: ¿cómo hago para matar las gallinas para el sancocho? ¡No las mate, doña Rocío, no las mate!, le contesté. Tal vez en aquella ocasión se condolió por el maltrato a las gallinas, el mismo que pronto se le olvidó en otras especies cuando encuentra tanta satisfacción con la puñalada marranera y con la estocada torera. No me la imagino ni en uno ni en el otro espectáculo.

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Los cerdos pueden alcanzar los veinte años en un entorno natural apropiado, pero la triste realidad es que la mayoría son muertos a cuchilladas al cumplir el año de vida. Si es que lo que les tocó en suerte se puede llamar vida.

 

A las dos semanas de nacidos, los machos son castrados para satisfacer el paladar de los humanos que encuentran así más tiernas sus carnes. No hablemos de los cochinillos de Segovia, que ya llegaron a los restaurantes locales para celebrar en época de feria taurina, donde a las pocas semanas terminan en los platos de los comensales, tan tiernos que no se necesitan cubiertos para cortar sus carnes.

 

El destino que la llamada ganadería intensiva les reserva a los cerdos no puede ser más terrible. Se les inmoviliza en pequeños espacios, sucios, mal iluminados, malolientes, saturados de sus propios excrementos, con rejas oxidadas, sin posibilidad de movimientos, los pisos húmedos. Son campos de concentración, como los que tanto han degradado la historia humana, los que sufrieron millones de víctimas en Ausschwitz y Mauthausen. LEER MAS

Muerte entre chillidos

Aníbal Vallejo Rendón

EL MUNDO 30 de marzo de 2010

Al leer a la columnista Rocío Vélez de Piedrahíta quien  salió en defensa de las marranadas (El Colombiano, 5 de marzo de 2010) argumentando que es una fiesta familiar tuve que recordar su Guía de Literatura Infantil porque no le quedaron faltando los niños en dicha diversión.

Qué lejanas están sus palabras para formar a los niños en los hábitos de lectura e inculcarles valores como cuando se refiere a una trama que se desenvuelve en ambiente y con objeto o personas, conocidos del niño. “Por ejemplo: una mamá pata da de comer a sus paticos; uno de ellos se le pierde; lo buscan en dos o tres páginas, -debajo, detrás o junto a objetos conocidos-; lo encuentran; todos muy felices siguen comiendo”. No sé desde cuándo doña Rocío cambió de valores y cambió entonces los paticos para cuidar por marranos para acuchillar.

Dice en la obra citada: “El fanatismo por formar para el dolor, la oración, o la muerte prematura, fue una obsesión que hoy no podemos comprender, apenas comparable al encarnizamiento con el cual se empeñan hoy algunos educadores en enfrentar al niño desde su más tierna edad , con el aterrador dolor universal , los problemas adultos de guerra, injusticia, violencia, racismo, lucha de clases, todo este conjunto de hechos que conforman la realidad y que resultan apabullantes para los mismos adultos; como si, de hecho, no estuvieran obligados a vivir inmersos, en ese mar de odios. Los fanatismos de otras épocas, siempre nos resultan ostensibles y ridículos, mientras los contemporáneos nos parecen naturales, pasan inadvertidos, nos acostumbramos a ellos”.  Con sus argumentos estamos enfrentando a los niños, además, a un especismo degradante, lejano de esas teóricas disquisiciones suyas cuando refiriéndose a los escritores de la naturaleza y los animales enfatiza en el espíritu de protección a estos,  en la búsqueda  del amor, el respeto, la compasión y el rechazo para quienes los maltratan.

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“Nos ahogamos en un mar de prohibiciones y obligaciones” dice para empezar. Y se refiere a las múltiples exigencias de aseo, control, bioseguridad y manejo de la peluquería a la que asiste. En un lugar parecido a ese, con las mismas y otras exigencias más, enfrentamos la contravención de las prohibiciones, pero esta vez con los animales maltratados, aunque la obligación legal (y moral) se supone los protege para que no sean golpeados, atropellados, mutilados, quemados, muertos.  A la marranada descrita le quedó faltando la otra cara de la fiesta, la que en medio del jolgorio y la diversión, los gritos y el trago, la música y los curiosos, deben soportar los animales: la burla, la degradación, el dolor, el sufrimiento, el prolongado martirio, la emborrachada forzada, la puñalada repetida, la muerte, por un deleite humano pasajero.

Y se equivocó también el amigo Sergio Esteban Vélez (El Mundo, 23 de marzo de 2010) por partida doble. Nunca entendí por qué el Concejo tuvo que intervenir con un acuerdo para prohibir lo que la ley 84 de 1989 señaló como hechos dañinos y actos de crueldad para con los animales: artículo 6º a) herir o lesionar a un animal por golpe, quemadura, cortada o punzada o con arma de fuego; d) causar la muerte inevitable o necesaria a un animal con procedimientos que originen sufrimiento o que prolonguen su agonía; f) convertir en espectáculo público o privado, el maltrato, la tortura o la muerte de animales adiestrados o sin adiestrar. Sin entrar a señalar otras normas legales existentes, entre ellas las sanitarias. Ley mata acuerdo, por lo cual este último era repetitivo.

Como se equivocó Sergio Esteban al citar a Camilo C. Restrepo como fundador de la Sociedad Protectora de Animales en su gobernación. La entidad fue fundada en el año de 1917 y el doctor Restrepo fue gobernador en 1929 y lo que sí hizo fue conformar las Juntas Protectoras de Animales presididas por los alcaldes.

Escribir para justificar legados primitivos revaluados deja un sabor amargo y rencoroso. Lo que se le olvidó a doña Rocío de su abuelo. ¡Y lo que no aprendió! Un niño nunca mataría un animal para comer su carne. Sus sentimientos aún no están enmascarados por la desconsideración de muchos adultos hacia seres tan próximos.

www.elmundo.com.co

Memoria obliga

Anibal Vallejo R

EL MUNDO , 16 de marzo de 2010 

En el año de 1917 se fundó la Sociedad Protectora de Animales de Medellín. En ese mismo año nació Godofredo Stutzin Lipinsky en Chile, de familia alemana, quien falleció el 11 de febrero de este año.

 

A Godofredo Stutzin lo conocí cuando apenas me iniciaba en el movimiento animalista y un amigo común, el entonces director de la WSPA Alvaro Posada Salazar, me regaló uno de sus libros: Ausencia de San Francisco.

Por este libro y otros más lo conocí. De vez en cuando me llegaban sus cartas, hechas en máquina de escribir, con errores y enmendaduras, y en unos sobres cubiertos con estampillas de los colosos de la Isla de Pascua, del Parque Nacional Rapa Nui con sus bellas aves marinas en los agrestes riscos, con las series de aves chilenas y otras más que serían del agrado del vecino columnista Bernardo González White para su deleite de filatelista. Como lo era para mí el conocer su enorme empeño durante una vida dedicada a la causa animal, allá en El Arrayán cerca de la cordillera, en su parcela compartida con su esposa, sus dos hijos y un número significativo de animales rescatados del abandono y del maltrato. Escribiendo artículos de prensa y ensayos sobre derecho ecológico sin pretensión literaria. Emitiendo programas radiales, organizando entidades, recogiendo animales. El libro Cuando los animales tenían voz constituye una selección de libretos de la audición radial La voz de los amigos de los animales transmitidos por diferentes emisoras de Santiago de Chile entre los años 1956 y 1963.

 

Episodios alegres y tristes, estimulantes y conmovedores de la vida real de los animales; mensajes y testimonios que se constituyen en material apropiado para enseñar a las nuevas generaciones a conocer, comprender, respetar y proteger a todos los seres vivientes. Además reflejan aquellos años iniciales de la Unión de Amigos de los Animales que él fundara en 1955.

 

Stutzin fue precursor de la legislación medioambiental en Chile y fundador en 1967 del Comité Nacional Pro Defensa de la Flora y Fauna Codeff, considerado como la primera organización en Chile surgida de la sociedad civil. Sus artículos fueron publicados en El Mercurio, La Época, Las Últimas Noticias, Revista del Domingo, La Nación El Diario Ilustrado, Pregón de Barcelona, entre otros. “Como la mayoría de los vegetarianos, renuncié a comer carne relativamente tarde en mi vida. No fue una decisión súbita, sino un proceso gradual de toma de conciencia. Siempre he querido mucho a los animales y nunca he soportado que les hagan daño; sin embargo durante largos años no tuve empacho de servirme en la mesa partes de sus cadáveres disfrazados de sabrosos guisos. Como tantas otras cosas que hacemos sin pensar, siguiendo la costumbre imperante, comer carne me parecía un acto natural cuya necesidad o justificación no se cuestionaba… si yo no estaba dispuesto a matar animales, tampoco debía comerlos” dijo alguna vez.

 

En su última carta me anotó: “No tuvo su país la suerte de Chile donde ya en el año 1823 una ley prohibió “a perpetuidad” las corridas (una ley inspirada no por razones humanitarias sino por el rechazo a la dominación española). Felizmente ha sido posible repudiar todos los intentos de reintroducir esta bárbara herencia ibérica”.

 

Parafraseando el título de uno de sus libros ahora sentimos la Ausencia de don Godofredo Stutzin.

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Balance taurino

Aníbal Vallejo R

EL MUNDO 2 de marzo de 2010

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Terminada la XIX Feria de La Macarena sus directivos presentan un favorable balance para ellos. Para empezar en Cali y en Manizales no hubo lleno completo en las plazas y según las encuestas de Datexco hechas a 6.953 colombianos sobre la fiesta de los toros, el 67,87 % la detesta. 

Me fundamento en el suplemento Toros del periódico EL MUNDO en sus 10 separatas de este año para anotar lo que para el común de la gente pasa desapercibido.

Según el director ejecutivo de Cormacarena “la venta de abonos para la presente temporada no ha subido con respecto a los años precedentes” y aunque la venta de boletas sueltas subió “eso no significa que estemos en punto de equilibrio, falta mucho y hay que hacer esfuerzos”. 

El aumento del 20% de asistentes requiere una aclaración: esos 900 espectadores de más no son significativos cuando los directivos regalaron 5 mil boletas. Asunto tan puntilloso como las heridas causadas a los toros porque “la vinculación oficial se redujo a facilitar el acceso de Cormacarena a bases de datos e información sobre potenciales estudiantes que pudieran ser invitados” según el mismo director. Cuestionable desde todo punto de vista permitir el acceso de los controles oficiales a entes privados para fines promocionales y comerciales como que siempre cobraron $3.000 por cada boleta. Nos preguntamos porqué las campañas van dirigidas a niños y menores de edad (como se les vio en el callejón, los fotografiados en las barreras) y los menores de 18 años estimulados a la afición atraídos por la curiosidad. 

Algo de fondo tiene que estar pasando con el espectáculo taurino cuando tuvieron que suprimir las corridas los domingos y cambiar el horario para las 4 de la tarde. Diciente la disminución de los condumios financiados por distintos oferentes, el reconocimiento de dificultades internas del gremio por parte de columnistas invitados al suplemento a defender el espectáculo, los inconvenientes para conseguir toreros por el presupuesto, la limitación de los cupos de los toreros porque “toda la temporada no puede ser en base a figuras porque nos quebramos”. No han valido las promociones de descuentos 4×1 o las aprobadas para quienes compran en la misma fila y para el mismo festejo, lo que explica el aumento en las boletas sueltas no por afición sino curiosos espontáneos o motivados económicamente por las ofertas. La añoranza por la ausencia de viejos abonados, la falta de figuras de cartel, la sustitución de toreros por “caídas”. La desaparición de “La Macarenita” la placita que funcionaba en el Hotel Intercontinental. Se fue un símbolo de los taurinos, el ruedo se convirtió en una cancha de voleibol y ni siquiera quedó el redondel de madera. Como el nombre que le pusieron a la plaza, Centro de Espectáculos, premonición de algo que va de caída. Y eso que tres alcaldes de elección popular les tendieron la generosa mano con el larguísimo puente peatonal y con la ampliación. Ayuda para bien o para mal. O si no que lo digan los problemas con el tembloroso puente y la ampliación que aumentó considerablemente las localidades como el punto ciego del redondel y la imposibilidad de llenarla puesta en evidencia. ¿Por qué entonces tanto malestar por la ausencia del actual alcalde con insistentes reclamos porque no le gustan las corridas de toros? Los enfrentamientos con funcionarios de la Personería porque divulgan la Declaración Universal de los Derechos de Los Animales. Recordemos que esta declaración es válida en Colombia debido a la fuerza vinculante que por precepto constitucional se otorga a los principios del derecho internacional. El señalamiento al concejal anti taurino como si fuera el causante del rechazo callejero. Cuántas organizaciones de jóvenes han aparecido en los últimos años, cada una con sus propios cuestionamientos y maneras de ver, de los cuales la mayoría no son carnívoros como infundadamente se les reclama. Hacia la tercera corrida de los siete toros solo salió 1, 5 se “dañaron” o se mataron entre ellos en los corrales y uno más se dañó un pitón. 

Si este es el balance de la temporada, algo está pasando con el espectáculo taurino.

 

Toreros ¿artistas o artesanos?

Aníbal Vallejo R

EL MUNDO 16 de febrero de 2010

Muchas personas sin ningún esfuerzo especial pueden distinguir una obra de Picasso o conocer el estilo de un escritor ampliamente divulgado.

No sucede lo mismo con un matador de toros aunque el lenguaje rebuscado trate de hacerlo conocer como un artista del espectáculo. Son tan pocas las variantes de su técnica, reglamentada como un partido de fútbol, que muy pocos, poquísimos, dejan historia sobre todo por sus desplantes y maneras poco ortodoxas de enfrentar a los toros. Su arte, entonces, es de relumbrón. ¿O será que se trata de artesanos? Los conocedores que tanto hablan del componente artístico ¿estarán en condiciones de señalar los personajes descritos a continuación, valiéndose para ello de su lenguaje específico?

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El torero. “Su pase natural fue siempre un asombro. Toreaba de verdad, sin martingalas, sin engaños. Su verónica fue ejemplo de verónica. Nunca toreó a pies juntos, porque a pies juntos no se puede torear, porque a pies juntos no se puede cargar la suerte y templar y mandar. Paraba, y aguantaba impertérrito la acometida del toro, y cargaba la suerte, abriendo normalmente el compás, y templaba a maravilla y mandaba con asombro. Toreaba a ley. En un palmo de terreno desarrollaba sus faenas, ligando siempre sus suertes y rematándolas a perfección. Su repertorio fue corto. Pero qué hondura, cuánta verdad en esas suertes, qué estilo más estupendo. Qué toreo, en fin desarrollaba. Pasó en la fiesta dejando una huella luminosa y profunda, después de unos veinte años de actuación en los ruedos. Armó una revolución y cambió el rumbo de la fiesta”. LEER MAS

Valor o inconsciencia torera

Aníbal Vallejo R

EL MUNDO 2 de enero 2010

 

Como la situación entre aficionados taurinos y contradictores ha llegado a un punto irreversible no tiene sentido la discusión entre ambas partes irreconciliables. Los argumentos a favor y en contra son públicamente conocidos. No sucede lo mismo con los aspectos técnicos que rodean el espectáculo.


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Un léxico anfibológico crea un maridaje entre la censura y el elogio para tratar de superar la técnica incorrecta, subterfugios rebuscados para ensalzar a los personajes que intervienen en dicha fiesta y justificar la faena. En primer lugar tenemos el riesgo que corre la integridad física del lidiador al ejecutar las suertes, y por lo tanto, el valor que sea necesario para realizarlas. En términos generales podría decirse que todos los toreros son valientes; el solo hecho de estar en el ruedo enfrentados a un toro requiere de una dosis de valor superior a la que tiene el común de las personas. Para juzgar tal valor no se le compara con el que puedan tener los espectadores, sino con los demás toreros, resultando así que en ocasiones oímos llamar cobarde a un diestro lo cual significa que ese diestro es menos valiente que la generalidad de sus colegas, aunque lo sea mucho más de aquellos que le chiflan desde los tendidos y que no se atreverían a enfrentarse a ese toro o a un animal incluso más débil. LEER MAS

Adjetivos encomiásticos

Aníbal Vallejo R

EL MUNDO, 19 de Enero de 2010

Se inicia otra temporada taurina en Medellín, precedida por las de Bogotá, Cali y Manizales. Y las páginas periodísticas y programas especializados vuelven con sus análisis y comentarios de las faenas.

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“Ojalá que el problema de la falta de toros no sea un obstáculo que impida la celebración de suficientes corridas, en que puedan tener cabida todos nuestros espadas, y ojalá que la temporada grande se inicie con una serie de festejos en que los diestros de segunda fila-por falta de oportunidades, por mala suerte, por múltiples circunstancias- tengan ocasión de ganar el derecho de alternar con los ases. El éxito de la próxima temporada dependerá del escrúpulo de los ganaderos, que deben enviar toros que justifiquen su nombre y su precio. De los toreros, obligados a honrar siempre el traje de luces y satisfacer al público que paga miles de pesos por ver sus hazañas y de la empresa que con tino y acierto combine carteles atractivos, que despierten el entusiasmo y la pasión de los aficionados. Somos optimistas, y creemos que la temporada habrá de traducirse en éxito artístico y económico para mayor esplendor de la fiesta”.

Tenga la seguridad de que estas no son palabras mías. Cuando se escribieron yo ni había nacido. Fueron publicadas en la revista mexicana La lidia en el mes de octubre de 1943 (número 45) en su página editorial. Y las cosas como que no han cambiado. LEER MAS

Cadaverófilo furioso

Aníbal Vallejo R

EL MUNDO 5 de enero de 2010

En un relato de ciencia ficción el polaco Stanislaw Lem narra que el ser humano domina los viajes interestelares y descubre que en el universo hay miles de planetas poblados por los seres más diversos, muchos de ellos de una gran inteligencia. Y se refiere a que el nombre científico de la especie humana no es Homo Sapiens, sino cadaverófilo furioso, por el modo en que destruye la vida en su propio planeta.

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Este cuento sintetiza mucho mejor que cualquier tratado filosófico la obsesión del ser humano por afirmarse a sí mismo, no sólo como superior a los demás seres vivos, sino incluso de origen radicalmente distinto a cualquier otra forma de vida. Y según Darwin debíamos ampliar el círculo de la moral para proteger de las injusticias y del dolor, no sólo a todos los seres humanos, sino también a los animales. Y la mejor forma de ampliar ese círculo es concediéndoles derechos, al menos uno: el derecho a no ser torturados, a no ser sometidos a tratos crueles y degradantes. LEER MAS

Los cerdos inteligentes

Aníbal Vallejo R

EL MUNDO 22 de Diciembre de 2009

Si cree que un pangolín es un instrumento musical, que el equidna es un tornado, que el rape es un corte de cabello, que el tuátara es un producto silvestre, el pequeño gran libro de la ignorancia (animal) le aclara referencias erradas sobre los animales. Como esta de que los cerdos son sucios o brutos.

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Se calcula que más de la mitad de los cerdos existentes en el mundo viven en China. La relación de los chinos con el cerdo viene de muy lejos: el país fue uno de los lugares donde el jabalí se domesticó por primera vez, hace más de 9.000 años, y para los chinos carne sigue siendo sinónimo de cerdo.

En el mundo se consumen 85.000 millones de toneladas de carne de cerdo. Su popularidad se relaciona con la gruesa capa de grasa protectora que lo hace ideal para el curado o sea el proceso de salar, secar o ahumar para conservar la carne evitando que la grasa se oxide. En los últimos años el interés por la salud ha llevado a reducir el contenido de grasa completando el peso faltante principalmente con agua. Además de alimento los cerdos son una fuente de productos como las pieles y las cerdas y médicos como la insulina.

A lo largo de su dilatada historia de utilidad, los humanos han mantenido una relación ambigua con el cerdo. Se utiliza como referencia de la glotonería, tozudez y falta de atención a la higiene personal. Asimismo son admirados por su inteligencia y su valor. Son animales gregarios y juguetones, comen plantas y carne, lo que los convierte en valiosos recicladores de sobrantes.

Sin embargo, los cerdos no comen glotonamente como se hace creer. Tienen un 33% más de papilas gustativas que los humanos y rara vez comen de más lo cual no podemos decir de otros seres como las ovejas, los caballos o los mismos humanos. Su fama de “basureros” los convirtió en el animal perfecto para las huertas entre los campesinos asiáticos y europeos y consolidó su reputación de animal “impuro”, prohibido por judíos, musulmanes y adventistas del séptimo día.

En lo que respecta a la limpieza, los cerdos son muy particulares, requieren de un espacio separado para dormir el cual mantienen limpio y utilizan una zona para hacer sus necesidades. Son limpios no como se dice de ellos que “sudan como cerdos”. Carecen de glándulas sudoríparas, padecen quemaduras solares, cuentan con una gruesa capa aislante de grasa y necesitan de charcos con barro para mantenerse protegidos.

Los cerdos son muy inteligentes .Se pueden domesticar como los perros, enseñarles a recoger objetos previamente lanzados y obedecer. Pueden aprender a bailar, hacer carreras, tirar de carretas y detectar minas terrestres. Incluso pueden aprender el funcionamiento de los videojuegos. Han existido casos de cerdos juzgados y ahorcados por asesinato. En 1386 en Falaise fue colgada una cerda que había matado a un niño. Se le vistió como a un ser humano, con las patas atadas, sostenida sobre el patíbulo por el ejecutor que le colocaba la cuerda al cuello. El escribano leía la sentencia en un papel enrollado, todo esto según un grabado de la época. Y alrededor la multitud, levantando a los niños para apreciar la escena.

Cuando un cerdo nos mira fijamente y nos olisquea, su hocico es dos mil veces más sensible que la nariz humana y se establece una conexión que va más allá de la cadena alimentaria.

En esta época de festividades, cuando se maltratan y sacrifican miles de estos animales, piense por un momento si se justifica convertirlos en objeto de diversión, para vejarlos, degradarlos, humillarlos y matarlos con la puñalada marranera.

 

 

Sea un consumidor consciente

Aníbal Vallejo R

EL MUNDO 8 de diciembre de 2009

“La inmensa mayoría de los animales que consumen los carnívoros se crían con métodos basados en el maltrato sistemático. La incomodidad es una norma, el dolor es algo habitual, su crecimiento es anormal y su dieta es antinatural. Sufren muchas enfermedades y viven en un estado permanente de estrés”. Lo ha dicho Hugh Fearnley - Whittingstall autor de un libro dedicado a los platos preparados con carne quien, no obstante vivir en el Reino Unido donde las leyes de protección animal son más estrictas que en Estados Unidos, considera que las granjas industriales se basan en el principio de que los animales son máquinas incapaces de sentir dolor.

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Prácticamente todos los productos de origen animal proceden de granjas industriales, a no ser que la etiqueta especifique el medio de producción. La de los pollos inicia el recorrido de explotación miserable de los animales.

Enormes galpones con millares de aves en espacios reducidos, contaminando el aire, las aguas y las tierras con los excrementos, haciendo invivible la vida de quienes están cercanos, generando un trabajo sucio, cruel y peligroso para los operarios. Los pavos de navidad engordados de manera igual a los pollos cuando existen sustitutos menos crueles como las preparaciones hechas con tofu de soja ecológica sin manchas de sangre.

Los huevos de gallinas enjauladas presentan una situación peor que la de los pollos. Estos salen en cuarenta días para el matadero, mientras las gallinas permanecen mínimo por un año. Al acercarse alguien se suelen espantar, cacareando histéricamente. Recién sexadas se les corta el pico ya que si una gallina sangra por los picotazos otras la atacarán causándole hasta la muerte. En el mercado internacional una granja de un millón de gallinas se considera pequeña. Las llamadas “gallinas gastadas”, las ponedoras que han llegado al final de su capacidad productiva, terminan tristemente porque no son buenas para el consumo. Se han divulgado informaciones de galpones en los Estados Unidos que las entierran vivas para evitar costos con su disposición final.

Las cerdas confinadas, inmovilizadas de manera que no pueden levantarse, soportan un encierro que las hace desgraciadas. Las arpilleras metálicas abrazan su estómago contra el piso sucio con sus propios excrementos, para que amamanten más tiempo los lechones y no corran riesgo de ser estripados en el estrecho cubículo de cautiverio. Así, un parto tras otro hasta que ya no es rentable la máquina reproductora.

Sea un consumidor consciente, indague, averigüe cómo se crían y engordan los animales de abasto, cómo se producen las carnes que usted consume y piense si es ético colaborar con sus compras en esta explotación cruenta de millones de animales de factorías.

Apoyar estos métodos de producción es no querer mirar la realidad de que los animales son capaces de sentir. El papa Benedicto XVI ha declarado que “el dominio del ser humano sobre los animales no justifica las granjas industriales”.

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