Por Aníbal Vallejo R
EL MUNDO, 22 de Junio de 2010
En la localidad argentina de Bell Ville en la provincia de Córdoba, a 700 kilómetros de Buenos Aires, con unos 33 mil habitantes, los copropietarios del Circo las Vegas dejaron por varios días 12 tigres, 3 leones, 2 osos pardos y un mono chimpancé al cuidado de uno de sus empleados luego de desmontar sus carpas.

La presión de no poderlos movilizar hasta otro destino (la ciudad cercana Justiniano Posse) por la prohibición existente de utilizar animales en espectáculos públicos los llevó a dejarlos en Bell Ville en tanto la Sociedad Protectora de Animales Lorenzo Moroni se encargó de hacer contactos para entregarlos en adopción. Los propietarios del circo expresaron que cada día es más difícil encontrar lugares para exhibir los animales por el rechazo de la comunidad.
Los animales inicialmente pertenecían al Circo Australiano. Los socios se dividieron ante distintas dificultades, entre ellas la limitación legal (que no cubre a todo el país) para utilizarlos en espectáculos, la distancia de 200 kilómetros del nuevo lugar de destino (Hernando) los altos costos de mantenimiento y formaron el Circo Las Vegas.
Días después cuando los animales se recuperaban bajo el cuidado de la Sociedad Protectora, pretendieron reclamarlos para venderlos. La situación despertó el interés de los medios de comunicación ante los cuales los directivos aseguraron que “no somos traficantes” y desistieron de sus pretensiones comerciales. Después de 33 años había llegado el fin de su explotación cuando el domador y el representante del circo los dejaron en un predio al costado de la ruta para desplazarse a otro lugar sin ellos.
Durante muchos años Animals Defenders Internacional (ADI) ha realizado seguimiento acerca del uso y el trato que se les da a los animales en los circos de Sudamérica: Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú, documentando el horrible cuadro de abuso sistemático, severo confinamiento y privaciones a los que son sometidos. Su trabajo desde el año de 1990 ha logrado nuevas regulaciones por el CITES para el traslado entre las fronteras de los animales en vías de extinción, el rescate y rehabilitación de numerosos animales en santuarios en Sudáfrica. En los datos recolectados se señala un alto nivel de sufrimiento, animales viviendo en condiciones inadecuadas, pobres, antinaturales. Uso de la violencia para controlarlos según testimonios filmados donde se pueden ver chimpancés apaleados, golpeados y azotados con cadenas. Llamas, monos, asnos y perros atacados con azotes, piedras, patadas y apaleados. Cabras golpeadas y pinchadas con barras gruesas. Toros recibiendo azotes en la cabeza. Muchos de ellos en circos en Colombia.
Animales mostrando un comportamiento repetitivo y desequilibrado. Confinados en remolques durante largos periodos. Bajos estándares de salubridad. Casos que revelan maltratos hacia todas las especies observadas en los circos con el único propósito de divertir y entretener a la gente. El abuso y maltrato animal es ejercido en forma oculta para no generar la reacción del público desprevenido que no llega a imaginar lo que sucede detrás del ruedo.
“Karla”, la chimpancé que fue filmada gritando tras ser golpeada en la cara y azotada con una cadena por su verdugo en la ciudad de Bogotá continúa cautiva desde febrero de 2007 en el zoológico Santa Fé de Medellín y se le ha negado su traslado a un santuario a cargo de AID. ¡Hasta cuándo!
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