Editorial

por: Aníbal Vallejo

Adjetivos encomiásticos

Aníbal Vallejo R

EL MUNDO, 19 de Enero de 2010

Se inicia otra temporada taurina en Medellín, precedida por las de Bogotá, Cali y Manizales. Y las páginas periodísticas y programas especializados vuelven con sus análisis y comentarios de las faenas.

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“Ojalá que el problema de la falta de toros no sea un obstáculo que impida la celebración de suficientes corridas, en que puedan tener cabida todos nuestros espadas, y ojalá que la temporada grande se inicie con una serie de festejos en que los diestros de segunda fila-por falta de oportunidades, por mala suerte, por múltiples circunstancias- tengan ocasión de ganar el derecho de alternar con los ases. El éxito de la próxima temporada dependerá del escrúpulo de los ganaderos, que deben enviar toros que justifiquen su nombre y su precio. De los toreros, obligados a honrar siempre el traje de luces y satisfacer al público que paga miles de pesos por ver sus hazañas y de la empresa que con tino y acierto combine carteles atractivos, que despierten el entusiasmo y la pasión de los aficionados. Somos optimistas, y creemos que la temporada habrá de traducirse en éxito artístico y económico para mayor esplendor de la fiesta”.

Tenga la seguridad de que estas no son palabras mías. Cuando se escribieron yo ni había nacido. Fueron publicadas en la revista mexicana La lidia en el mes de octubre de 1943 (número 45) en su página editorial. Y las cosas como que no han cambiado.

En los años que llevo leyendo sobre el espectáculo taurino, conozco las frases de cajón, repetidas incesantemente, año tras año, presentando fenómenos aparecidos en las plazas, con preparación casi nula, pero precedidos de una profusión de adjetivos encomiásticos que llenan las cuartillas que a fuerza de repetición y de ponderar la sal y el ángel de esos prospectos hacen creer que estamos frente a un nuevo espíritu iluminado del fenómeno taurino.

Se aplaude la corta edad de algunos participantes en el espectáculo taurino. Pero es precisamente su inmadurez la que los lleva a exponer la vida en tan corta edad.

Alterne estas frases en el orden que quiera para que obtenga su comentario:

1. “El torero no tuvo material cornudo para el éxito franco”.

2. “Ni un quite, ni un muletazo, nada en verdad que merezca la pena de ser consignado”.

3. “Se arrimó y salió indemne después de la lucha bizantina (sic) a que se entregó con sus enemigos, y cuando el público dijo ¡basta!, mató como pudo”.

4. “Con más voluntad que suerte, desde luego, pero a cambio de pundonor y buen deseo el matador se salvó del naufragio”.

5. “El resultado del festejo dio la razón a los que se quedaron en el café o en casa”.

Esta fiesta no pasa por un buen momento, sea cual sea el número de espectadores que acude a las plazas (que va hacia la baja), por la nómina de los toreros aparecidos en los últimos años que es demasiado insignificante y porque su futuro está seriamente amenazado. Basta con mirar su historia. Se daban nueve corridas con nueve toreros. Y nueve ganaderías. Para ver ahora.

A los jóvenes ya esto no les seduce, afortunadamente.

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