Editorial

por: Aníbal Vallejo

Archive for January, 2010

Adjetivos encomiásticos

Aníbal Vallejo R

EL MUNDO, 19 de Enero de 2010

Se inicia otra temporada taurina en Medellín, precedida por las de Bogotá, Cali y Manizales. Y las páginas periodísticas y programas especializados vuelven con sus análisis y comentarios de las faenas.

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“Ojalá que el problema de la falta de toros no sea un obstáculo que impida la celebración de suficientes corridas, en que puedan tener cabida todos nuestros espadas, y ojalá que la temporada grande se inicie con una serie de festejos en que los diestros de segunda fila-por falta de oportunidades, por mala suerte, por múltiples circunstancias- tengan ocasión de ganar el derecho de alternar con los ases. El éxito de la próxima temporada dependerá del escrúpulo de los ganaderos, que deben enviar toros que justifiquen su nombre y su precio. De los toreros, obligados a honrar siempre el traje de luces y satisfacer al público que paga miles de pesos por ver sus hazañas y de la empresa que con tino y acierto combine carteles atractivos, que despierten el entusiasmo y la pasión de los aficionados. Somos optimistas, y creemos que la temporada habrá de traducirse en éxito artístico y económico para mayor esplendor de la fiesta”.

Tenga la seguridad de que estas no son palabras mías. Cuando se escribieron yo ni había nacido. Fueron publicadas en la revista mexicana La lidia en el mes de octubre de 1943 (número 45) en su página editorial. Y las cosas como que no han cambiado. LEER MAS

Cadaverófilo furioso

Aníbal Vallejo R

EL MUNDO 5 de enero de 2010

En un relato de ciencia ficción el polaco Stanislaw Lem narra que el ser humano domina los viajes interestelares y descubre que en el universo hay miles de planetas poblados por los seres más diversos, muchos de ellos de una gran inteligencia. Y se refiere a que el nombre científico de la especie humana no es Homo Sapiens, sino cadaverófilo furioso, por el modo en que destruye la vida en su propio planeta.

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Este cuento sintetiza mucho mejor que cualquier tratado filosófico la obsesión del ser humano por afirmarse a sí mismo, no sólo como superior a los demás seres vivos, sino incluso de origen radicalmente distinto a cualquier otra forma de vida. Y según Darwin debíamos ampliar el círculo de la moral para proteger de las injusticias y del dolor, no sólo a todos los seres humanos, sino también a los animales. Y la mejor forma de ampliar ese círculo es concediéndoles derechos, al menos uno: el derecho a no ser torturados, a no ser sometidos a tratos crueles y degradantes. LEER MAS