Editorial

por: Aníbal Vallejo

Los cerdos inteligentes

Aníbal Vallejo R

EL MUNDO 22 de Diciembre de 2009

Si cree que un pangolín es un instrumento musical, que el equidna es un tornado, que el rape es un corte de cabello, que el tuátara es un producto silvestre, el pequeño gran libro de la ignorancia (animal) le aclara referencias erradas sobre los animales. Como esta de que los cerdos son sucios o brutos.

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Se calcula que más de la mitad de los cerdos existentes en el mundo viven en China. La relación de los chinos con el cerdo viene de muy lejos: el país fue uno de los lugares donde el jabalí se domesticó por primera vez, hace más de 9.000 años, y para los chinos carne sigue siendo sinónimo de cerdo.

En el mundo se consumen 85.000 millones de toneladas de carne de cerdo. Su popularidad se relaciona con la gruesa capa de grasa protectora que lo hace ideal para el curado o sea el proceso de salar, secar o ahumar para conservar la carne evitando que la grasa se oxide. En los últimos años el interés por la salud ha llevado a reducir el contenido de grasa completando el peso faltante principalmente con agua. Además de alimento los cerdos son una fuente de productos como las pieles y las cerdas y médicos como la insulina.

A lo largo de su dilatada historia de utilidad, los humanos han mantenido una relación ambigua con el cerdo. Se utiliza como referencia de la glotonería, tozudez y falta de atención a la higiene personal. Asimismo son admirados por su inteligencia y su valor. Son animales gregarios y juguetones, comen plantas y carne, lo que los convierte en valiosos recicladores de sobrantes.

Sin embargo, los cerdos no comen glotonamente como se hace creer. Tienen un 33% más de papilas gustativas que los humanos y rara vez comen de más lo cual no podemos decir de otros seres como las ovejas, los caballos o los mismos humanos. Su fama de “basureros” los convirtió en el animal perfecto para las huertas entre los campesinos asiáticos y europeos y consolidó su reputación de animal “impuro”, prohibido por judíos, musulmanes y adventistas del séptimo día.

En lo que respecta a la limpieza, los cerdos son muy particulares, requieren de un espacio separado para dormir el cual mantienen limpio y utilizan una zona para hacer sus necesidades. Son limpios no como se dice de ellos que “sudan como cerdos”. Carecen de glándulas sudoríparas, padecen quemaduras solares, cuentan con una gruesa capa aislante de grasa y necesitan de charcos con barro para mantenerse protegidos.

Los cerdos son muy inteligentes .Se pueden domesticar como los perros, enseñarles a recoger objetos previamente lanzados y obedecer. Pueden aprender a bailar, hacer carreras, tirar de carretas y detectar minas terrestres. Incluso pueden aprender el funcionamiento de los videojuegos. Han existido casos de cerdos juzgados y ahorcados por asesinato. En 1386 en Falaise fue colgada una cerda que había matado a un niño. Se le vistió como a un ser humano, con las patas atadas, sostenida sobre el patíbulo por el ejecutor que le colocaba la cuerda al cuello. El escribano leía la sentencia en un papel enrollado, todo esto según un grabado de la época. Y alrededor la multitud, levantando a los niños para apreciar la escena.

Cuando un cerdo nos mira fijamente y nos olisquea, su hocico es dos mil veces más sensible que la nariz humana y se establece una conexión que va más allá de la cadena alimentaria.

En esta época de festividades, cuando se maltratan y sacrifican miles de estos animales, piense por un momento si se justifica convertirlos en objeto de diversión, para vejarlos, degradarlos, humillarlos y matarlos con la puñalada marranera.

 

 

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