Aníbal Vallejo R
EL MUNDO 27 de octubre de 2009
El Salón Internacional del Caballo realizado entre el 16 y el 18 de octubre en Plaza Mayor en Medellín presentó más de 400 ejemplares de 25 razas y una muestra comercial. Caballos árabes nacidos en Colombia, distintas clases de burros como los criollos, burros pintos americanos, burros mamut (llamados así por su gran tamaño), caballos belgas, el pony más pequeño y un percherón de origen americano considerado como el caballo más alto de Colombia. El salón incluyó una ambiciosa puesta en escena como reconocimiento al noble equino, protagonista fundamental en la historia del hombre. ¡Ostentoso espectáculo el los caballos ricos!
Semanas atrás, el 4 de octubre “día de los animales” en conmemoración de San Francisco de Asís, la Secretaría del Medio Ambiente realizó un evento en el aeroparque Juan Pablo II que congregó a varios grupos particulares y dependencias oficiales que trabajan por el bienestar animal. Ese día se recibieron aproximadamente 40 caballos obreros entregados por los carretilleros en el programa de sustitución por medios mecanizados.
Impactantes las imágenes de los caballos mustios, ajados, lacios, marchitos, melancólicos, tristes, filados contra las mallas de cerramiento del lugar, amarrados a la espera de los camiones que los transportarían al centro de valoración veterinaria, con sus miradas perdidas, sin horizonte, ya liberados de los aperos deteriorados, las anteojeras resecas, burdas y cortantes, los arneses rudos causantes de escoriaciones, las heridas abiertas en los lomos, las raspaduras en sus patas, la columna deformada por la explotación temprana y agresiva de su anatomía apenas en formación. Al lado los coches símbolos de su prolongado castigo de días sin descanso y jornadas interminables, carretones con ejes descentrados y llantas irregulares, que tuvieron que soportar sobre sus lomos durante años de trabajo.
Cuando fueron montados en los camiones asegurados contra la carrocería las imágenes eran las mismas de los carros de la muerte, los que los llevan hacia el matadero. Los ojos bajos y las cabezas agachadas eran las mismas figuras de todos esos días de explotación, humillados y dominados para el trabajo sin límite, sin poder mirar a los lados, vejados en su esbeltez.
Al esfuerzo de la Secretaría del Medio Ambiente le quedó faltando la presentación al público de cada uno de aquellos animales recuperados del dolor. Para conocer su historia, sus recorridos por calles y avenidas y las pesadas cargas que doblegaron sus lomos. ¿De dónde vinieron?
¿Cuántos años fueron enganchados a esos pesados carromatos? ¿Quiénes los fustigaron? ¡ Dolorosa estampa la de los caballos pobres!
“Serviste. Y ahora, ¿qué pides? ¿qué quieres?/ Así son los hombres no sólo contigo/ que tan noble y dulce, que tan bueno eres;/ en esta tragedia de todos los seres/ es sólo el sepulcro el único amigo” (La oración de los caballos viejos, Ricardo Nieto)