Editorial

por: Aníbal Vallejo

Archive for August, 2009

El safari continúa (de safari por San Bartolo 2)

Aníbal Vallejo R

Con el aval del Ministerio de Medio Ambiente Vivienda y Desarrollo Territorial, la Fundación Vida Silvestre Neotropical representada por el señor Carlos Valderrama solicitó el permiso de caza de tres hipopótamos. Dos personas de la Federación Colombiana de Tiro y Caza Deportiva se encargaron de la muerte del primero de los ejemplares. Los soldados presentes protegieron la seguridad de la misión, para que nadie se interpusiera, tal como se deduce cuando en el informe anotan que se encargaron de evitar el paso de algunos pescadores de Puerto Murillo que estaban merodeando por allí.

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La manipulación del cadáver en medio de la sabana arbolada circundada por los meandros de la quebrada San Juan, sin viviendas a la redonda, sin más testigos que los encargados de la matanza, a mansalva y sobre seguro terminó con la mutilación de las patas a partir del metacarpo, la toma de muestras por un veterinario y el taxidermista preparando lo necesario para preservar la cabeza como trofeo, las primeras para el flamante ministerio y la última para los hermanos cazadores, con foto incluida.

Medio enterrados habían quedado 1500 kilos de carne y huesos, del tercer animal más grande existente, con “excelente condición corporal y color de piel sonrosada” (informe), con un largo de nariz a cola de 3.34 m, longitud de cruz-pie de 1.50 m, ancho 1.10 y grosor de piel de 3 cm
Llama la atención que en la toma de las muestras para el diagnóstico quienes intervinieron aparecen fotografiados accediendo al corazón, extrayendo el humor vítreo y las heces, haciendo la biopsia de otros órganos sin medidas preventivas mínimas como guantes de cirugía, mascarilla de protección para las temidas zoonosis esperadas y alrededor los integrantes de la jornada de caza como espectadores. Según el informe veterinario en el análisis de leptospira, “los títulos encontrados son bajos y significan que el individuo ha estado en contacto con la bacteria y su sistema inmune respondió adecuadamente”.

Tantos convidados y no cumplieron con todas las condiciones determinadas para el permiso: “señalizar el área con avisos que indiquen a la comunidad el peligro que representan tanto los animales como el empleo de armas de caza” y “no dejar en el sitio del sacrificio o expuestos a la vista órganos, productos o subproductos de los especímenes sacrificados, los cuales deben ser dispuestos conforme a las normas sanitarias y ambientales”.

Aves rapaces, carroñeras y roedores, se alimentan del cadáver que fue descubierto por deficiente enterramiento. El ganado no abreva ni se alimenta en el lugar por los olores ofensivos y nauseabundos. El sitio es un valle de inundación, permeable y de retiro de la quebrada San Juan, afluente del río Magdalena lo cual genera contaminación de las aguas. El operativo fue suficientemente fotografiado y documentado con todas las secuencias como si se tratara de un safari en el África o de una cacería deportiva. Algo así como la del Rey Juan Carlos en la región rumana de Covasna donde mató a escopetazos sin riesgo alguno a nueve osos en condiciones de indefensión. Aquí se dio la oportunidad a los dos hermanos cazadores con apellido alemán.

“Para el 9 de septiembre los tres individuos deben de estar (sic) por fuera de los afluentes naturales”. La cacería continúa vigente. Y la incertidumbre se cierne sobre los otros que permanecen en la Hacienda Nápoles.

www.elmundo.com.co

19 de Agosto de 2009

De safari por San Bartolo (1)

Por Aníbal Vallejo R

“El 18 de junio de 2009 a las 05:30 horas el hipopótamo ya había pasado por lo que se vigiló durante todo el día y a eso de las 17.30 horas Valderrama anunció su presencia en el potrero donde días antes había hecho la filmación; hasta el sitio solo fueron los dos cazadores, su ayudante y Valderrama…”

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La matanza del hipopótamo ha despertado la sensibilidad de la comunidad, por lo que su tamaño significa, por su procedencia, por la divulgación errada de todo el procedimiento, por las autoridades ambientales involucradas, por la manera subrepticia con que fue hecha, por la presencia del contingente de soldados, por la falta de información clara, por el mensaje equivocado. “De acuerdo a lo planteado por el señor Valderrama y lo observado en la zona donde han habitado los hipopótamos, la comunidad está dividida con respecto al fin de los mismos, se recomienda no divulgar los avances de la ejecución del convenio, especialmente sobre el permiso de caza de control otorgado hasta no haber terminado. Esto puede entorpecer el avance y la conclusión de la misión proyectada antes del 9 de septiembre de 2009. En reunión previa a la jornada de faena de caza se decidió que solo el Director General de Corantioquia podrá tener comunicación con los medios masivos” (informe técnico de acompañamiento en la caza de control de la Dirección Territorial Zenufaná de Corantioquia del 25 de junio de 2009).

Analizada la documentación que reposa en el centro de información de la Corporación, encontramos una lista de personas naturales, jurídicas, nacionales y extranjeras que estuvieron interesadas en recibir dichos animales sin que al momento del sacrificio ninguna de ellas hubiera formalizado su interés. Y varias manifestaciones de algunos residentes del lugar alertando por la presencia así como una reclamación por la muerte de 6 terneros y algún daño en instalaciones. No se registra ningún ataque a humanos y se registra la presencia de la corporación en visitas preventivas y de sensibilización en general sobre la fauna silvestre.

“Valderrama explicó con un mapa el sitio de ubicación del hipopótamo y los testimonios de la comunidad y propios sobre las horas de salida del individuo y el éxito con el cebadero.

También enfatizó en la prudencia que se debería tener con la comunidad, ya que a pesar de manifestar la preocupación por la presencia del hipopótamo, están divididos en cuanto a la toma de decisiones sobre el fin del mismo por lo tanto no se debía comentar sobre la cacería; para evitar el paso de curiosos o personas en desacuerdo, además de la prudencia con los comentarios, el Ejército estaría apoyando con un cordón de seguridad en el tiempo que se le requiriera”.

“Con cuatro balas de 375 mm, una al corazón, la otra a la cabeza (cerca al agujero lagrimal) y dos más de remate , la muerte del hipopótamo fue rápida y con el menor sufrimiento posible…” Y fue conocida públicamente por infidencia de alguno de los soldados que divulgó la foto para el recuerdo sin tener en cuenta la actitud sigilosa en el manejo de la información.

El señor Carlos Valderrama es el representante de la Fundación Vida Silvestre Neotropical entidad que obtuvo la autorización para la caza de los hipopótamos quien a través de la misión aparece registrado “organizando” el personal militar asignado como si de delegación de mando se tratara.

EL MUNDO 4 de agosto de 2009