Editorial

por: Aníbal Vallejo

Mutuo auxilio para los cocheros

Por Aníbal Vallejo R

“… no me pegues y maltrates que es acción baja y malvada”.

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En el mes de febrero de 1945 la revista Nuestros Amigos, editorializó sobre la Sociedad de Mutuo Auxilio de los Carreros: “La Sociedad Protectora de Animales es una Institución formada por elementos de la sociedad, de alto espíritu cívico, de corazón generoso y noble y de marcada compasión para con los animales. Su misión no es únicamente humanitaria, es altamente cultural. Su mira no está únicamente en defender a los irracionales. No. Hoy quiere esta Institución ayudar al numeroso gremio de conductores de carros de tracción: unirlo, agruparlo y encarrilarlo para que se beneficien los unos a los otros… Con tal fin el domingo 11 de los corrientes se dio cita a numeroso grupo del gremio, se les habló con claridad de la necesidad imperiosa de que se unieran para que entre sí se ayudaran, y con júbilo y alto espíritu de comprensión aceptaron unir los lazos de compañerismo y estar el uno al lado del otro cuando la suerte le fuere adversa… agrupados bajo el árbol del mutuo auxilio, pronto encontrarán mayor defensa para sus precarias situaciones, correrán al lado de su hermano compañero que se encuentra en dificultades … así los carreros todos unidos, se harán más llevadera la penosa tragedia que actualmente atraviesa la clase media y la clase trabajadora…”

No es reciente el interés por la regulación del trabajo de los caballos de carga, hay todo un historial de referencias, gestiones y logros a través de la existencia de la Sociedad Protectora de Animales de Medellín en busca de mejorar la utilización de estos animales y la capacitación de los cocheros. Por Resolución No 11 de 1942 ya se había reglamentado el tránsito de carros de tracción animal, bicicletas y motocicletas. Se exigía el certificado veterinario, el buen estado de muelles y ruedas, la disponibilidad de timones para aliviar las cargas, el cumplimiento de las disposiciones de tránsito, la prohibición de castigar a los animales y de transportar pasajeros, la obligatoriedad de placa de identificación, no hacerlos trotar o galopar, ni utilizar animales con limitaciones físicas. Señalaba cantidad de carga permitida, la provisión de frenos, luces reflectivas, cornetas de prevención y horarios permitidos para su circulación. Las autoridades de Circulación y Tránsito exigían el visto bueno de un veterinario de la Sociedad Protectora de Animales para autorizar el funcionamiento de estos vehículos.

Y publicaba mensajes como este: “las bestias de tiro y de carga son sometidas a duros trabajos y reciben crueles castigos por el solo hecho de ayudar a sus amos a conseguir el pan para sus familias. Defendámoslas”. Eran frecuentes las fotografías publicadas en la revista institucional de caballos maltratados, heridos, caídos por el peso de las cargas que eran atendidos por la entidad y llevados al coso municipal.

“No me azotes cuando suba/ ni apures en las bajadas; / no me encierres y te olvides/ de darme alfalfa y cebada. / No me prives de agua pura/ o cama bien arreglada”.

Los caballos han cumplido su labor. Ya es hora de que sean remplazados por sistemas mecanizados, tecnificados, que permitan un trabajo más eficiente, menos contaminante y más acorde con la época que vivimos. En el municipio de Envigado este sistema de transporte fue suprimido muchos años atrás, como lo fueron los coches repartidores de leche.

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