Por Anibal Vallejo R.
La alerta sanitaria máxima en nivel 5 sobre 6 de la Organización Mundial de la Salud que se vive por la amenaza del virus de la gripa porcina ha generado una prevención inusitada que despierta reacciones desmedidas de la comunidad que no sabe a ciencia cierta de qué se trata.

De todos los mamíferos el cerdo es el que posee una capacidad mayor para transformar las plantas en carne de forma rápida y eficaz. A lo largo de su vida, un cerdo puede convertir el 35% de la energía que contiene el pienso con el que se alimenta en carne, en comparación con el 13% en el caso de los ovinos y un 6,5% en el de los vacunos. Un lechón puede ganar medio kilo por cada dos kilos aproximados del alimento que ingiere, en tanto que un ternero tiene que consumir 5 para ganar medio.
Una vaca necesita 9 meses para parir un único ternero y unos 4 meses para que este alcance los 200 kilos. Una cerda a los 4 meses de la inseminación puede dar a luz 8 cochinillos o más que llegarán a pesar más de 200 kilos cada uno en unos 6 meses de engorde. El fin del cerdo es producir carne.
Los Hindúes detestan la carne de vacuno. Judíos y musulmanes aborrecen la de cerdo. Los norteamericanos rechazan la de perros, disfrutan las de vacunos y porcinos pero no las de cabras o caballos, las larvas y saltamontes. La asociación de la carne de cabra con las minorías raciales y culturales pobres y explotadas hace que les repugne a los norteamericanos medios tanto como la de caballo o perro. A los franceses y a los belgas les gusta la carne de caballo. La mayoría de los pueblos mediterráneos son aficionados a la carne de cabra. En 42 sociedades distintas las gentes comen ratas. Los antiguos romanos eran fieles a las salsas a base de pescado podrido. Los hábitos alimentarios son accidentes de la historia que expresan o transmiten mensajes derivados de valores fundamentalmente arbitrarios o creencias religiosas inexplicables.
A los porcinos se les puede criar mediante lo que ofrece el campo sin explotar y lo que humanos y otros animales desechan. No necesitan el mismo cuidado que requieren los vacunos. No son rumiantes, son omnívoros. Su aparato digestivo y sus necesidades nutritivas guardan más semejanzas con los de los humanos que los de cualquier otro mamífero (con excepción de monos y simios), lo cual explica la elevada demanda de cerdos para investigaciones médicas en materia de arterioesclerosis, nutrición deficiente en proteínas o calorías, absorción de nutrientes y metabolismo. Por eso nada raro que los humanos también se alimenten con otros desechos provenientes de los animales. Luego se inventaron la cría intensiva, la estabulación, las granjas industriales, para beneficio del hombre. O para su desgracia. Porque la explotación desmedida de los animales, el hacinamiento, las técnicas de engorde acelerado, el uso de antibióticos, el estrés, el mal manejo de los riesgos sanitarios, propician la aparición de virus pandémicos. Mientras subsistan los sistemas alimentarios industrializados y se sigan señalando a las especies animales como las culpables, se debería prestar atención a esas prácticas de explotación. Ayer fueron las aves, hoy son los cerdos. El SARS mostró claramente al mundo lo que podían hacer las enfermedades animales a la raza humana si lograban saltar entre especies. ¿Serán los humanos los siguientes?
EL MUNDO 12 de mayo de 2009