Por Anibal Vallejo R.
¿Por qué será que un comentarista taurino critica a un representante a la Cámara antioqueño que pretende terminar con las corridas de toros, diciendo que es gastar el tiempo en menudencias y hacérselo gastar a los padres de la patria cuando debería estar preocupado en proyectos de salud? ¿Será que se le olvida que otros padres de la patria convirtieron en ley de la República lo que antes era el reglamento taurino, un apéndice del antiguo código de policía, en lugar de estar extirpando otros apéndices como le pide al médico representante?
Como si fuera poco, recientemente una variedad de dicho espectáculo, las corralejas, fueron declaradas patrimonio cultural de la nación por medio de otra ley.¡Estos será que no dan lora!
La actual temporada taurina en Medellín como que no empezó bien. Dicen que mucho menos de media plaza acudió a la primera corrida que fue aburridora (Vuelta al Ruedo, EL MUNDO, 25 de enero de 2009). El mismo director de Cormacarena comentó que creía que la venta de boletería no iba a crecer en comparación con el año anterior.
En Cali y en Manizales estuvieron flojas las entradas. Armenia y Cartagena prácticamente están desapareciendo de la ruta del toro. Los tendidos de las plazas se están envejeciendo. El inspector de plaza en Cañaveralejo arrastró del pelo a un antitaurino y la fotografía anda por ahí rodando. Dejan salir al ruedo a una niña de 5 años, que el caballo desmontó, presentándola como una amazona, y que nada tiene que estar haciendo en un espectáculo donde hay derramamiento de sangre. Eso si que merece banderillas negras.
No hay que buscar mucho para ver que esto de las corridas de toros va en franca caída. Por lo que sea. Por los toros mansos, por las malas ganaderías, por los toreros endiosados y desconocidos, por los precios de los diestros extranjeros, por la ampliación de la plaza, por lo largo de la temporada. ¿Quién se viene para Medellín durante un mes y medio?
“El toreo es una familia/ donde el espada es el padre, / los hijos son la cuadrilla/ y el apoderado la madre. / El empresario es la suegra / y el mozo de espadas, tío, / y para que nada falte, / el aficionado es el primo”. (Letra que cantaban hace años los coros de Cádiz). No se puede negar que en términos generales estos festejos están montados para un público mayoritariamente desconocedor de la lidia de reses bravas de donde viene la decadencia de los toreros lidiadores y el auge de los que emocionan por motivos extrataurinos. Por ahí anda uno de ellos arriesgándose más de lo debido, rompiendo con todas las convenciones, como si estuviera buscando la muerte. Es el torero espectáculo, el de los gestos histriónicos, gesticulador, que se puso de moda en los años sesenta y que aún reaparece esporádicamente, para congraciar a otros públicos menos cercanos a los delirantes de la sangre. Como lo fueron el “salto de la rana” o la “suerte del puñetazo”, subirse en los lomos, cogerlo de los cuernos, pegarle cabezazos en la testuz, que recibían el beneplácito del público, con antecedentes en las charlotadas del bombero torero que saltaba por delante de los cuernos del animal.
Espectáculo de sangre o espectáculo grotesco. Donde la víctima es el animal, degradándolo o matándolo lentamente, bajo el eufemismo de los tercios que vienen a ser la puya, las banderillas y la espada. Instrumentos que han sido adaptados para cada momento: para debilitarlo, para doblegarlo, para matarlo.
EL MUNDO, 3 de Febrero de 2009