Por Anibal Vallejo R.
“La Hora del Planeta”, “El Día de la Tierra”, “El Día Social y Ambiental Sin Carro”… son celebraciones para evitar el derretimiento de los glaciares, las sequías severas, la evaporación de los océanos, el trastorno de los hábitats, efectos estos del calentamiento global, que pretenden crear conciencia de la amenaza que gravita sobre el planeta Tierra.

La población humana ha crecido tan explosivamente que el impacto mundial es de dimensiones sin precedentes. Esta consume casi el 50% de la producción primaria neta de la Tierra, que es la cantidad total de energía almacenada por la vegetación de todo el planeta.
Los expertos calculan que para el año 2025 la población alcance los 10 mil millones. Los humanos necesitaran consumir el doble de la producción lo cual sería desastroso. Los científicos que estudian la población humana han llegado a la conclusión de que el mundo ha alcanzado su capacidad de sustento. El aumento de la actividad económica que se requerirá para atender las necesidades generará una situación que posiblemente la biosfera no pueda tolerar sin un deterioro irreversible. Únicamente una docena de cultivos proporciona el 90% de todo el alimento mundial. Si una enfermedad arrasara la cosecha entera de un país provocaría una hambruna de proporciones incalculables.
Tantas celebraciones que convocan a jornadas específicas de corta duración mientras en la vida diaria se agrede sin descanso el medio ambiente. En 1971 los Amigos de la Tierra ingleses pusieron en marcha la primera gran campaña ciudadana para el reciclado de metales, vidrio, plásticos y papel. Y propusieron unos criterios esenciales para asumir una actitud benéfica para uno mismo, para los demás y por ende para el medio ambiente.
Una propuesta de acción muy conocida en los círculos ambientales tiene entonces mucho sentido: pensar globalmente y actuar localmente.
Es decir que es necesario tener una visión general de los problemas ambientales del mundo y del país, pero las acciones deben empezar por los lugares cotidianos. Existen razones que llevan a que el ambiente sea una propuesta válida en forma permanente: de supervivencia, éticas, científicas, utilitarias, estéticas y legales. El simple hecho de analizar la vivienda, el lugar de estudio o de trabajo, la ciudad, dentro de la perspectiva de los problemas ambientales, pone de relieve que todo lo que hacemos y especialmente la forma como lo hacemos, tiene un fuerte impacto sobre el ambiente. El tema de la fauna y de la flora dejó de ser de interés puramente científico, cuando entró en el ámbito político con el proyecto de varios países industrializados para proteger la diversidad biológica en el mundo. Por sobre todo ¿qué derecho tiene la especie humana de borrar de la faz de la tierra a otras especies y de destruir ecosistemas que han tardado millones de años en conformarse?
Podemos medir la calidad ambiental de un municipio por una serie de indicadores definidos. Entre éstos los de la fauna: comercio ilegal (especies decomisadas y liberadas), maltrato a los animales, lugares de venta ilegales, especies endémicas, vacunación preventiva, animales recogidos y sacrificados, animales llevados a los cosos. Como sucedería con usos del suelo, espacio público, ornato y paisaje urbano. Aguas. Aire. Residuos sólidos.
Vegetación. Desastres. Alimentos. Educación ambiental. Participación comunitaria.
“Es mejor encender una pequeña vela que maldecir la oscuridad” (Amigos de la Tierra)