En un almacén de libros viejos de la calle Colombia me encontré una obrita taurina, que su autor y su mujer dedican a Beatriz. ¿Y quién creen que es el autor? Nadie menos que mi eterno contradictor en las polémicas que hemos sostenido sobre el toreo, él defendiendo esa vileza del ser humano, yo atacándola. Del toro salvaje al elaborado de Jorge Vega Bustamante es el libro, que pasó a Sandra Milena Flórez,según deduzco de la firma que aparece en la página siguiente. Y vaya a saber Dios en cuántas otras manos estuvo hasta llegar a ese lugar polvoso. Allí el autor dice “defender una fiesta viril y gallarda en la cual el torero valiente y varonil brinda sus posibilidades al bruto de defenderse acometiendo, pero con nobleza, es decir, sin ventajas para ninguno”. Para los teóricos de la fiesta brava, la corrida se resume en parar, templar y mandar. Para el común de las personas no es más que puyar, banderillar y matar. Sin embargo otros siguen argumentando que se trata de descongestionar, alegrar y apuntillar. Y así,de distintas maneras, se intenta ocultar la realidad de quebrantar, marear y descabellar al animal. Cómo decir entonces que el bruto puede defenderse cuando no tiene ventajas mientras su verdugo las tiene todas a su favor. El toro está disminuido, mareado, agonizante cuando llega al momento final. A veces en el último tercio está sin fuerza, sin bravura,sin poderse sostener en pie, porque un pase por bajo o un recorte lo hizo acostarse en la arena. No tenemos que inventar historias para demostrar la desigualdad del enfrentamiento entre el toro y el torero ni para aseverar que los animales sufren en el espectáculo. El mismo autor en el libro citado reconoce que el toro que es llevado a la plaza “sufre grandemente no solo física sino sicológicamente” por el cambio del que se ha llamado nicho ecológico. “Cuando el toro llega al redondel ha sufrido un penoso viaje encajonado y varias horas de encerramiento en el chiquero. El toro, animal sociable, con ese aislamiento ha perdido el gobierno del sistema nervioso, sus facultades mentales se encuentran perturbadas por una sensibilidad delicada, propia del temperamento semejante al esquizoide. El toro tiene mucho oído y olfato y un nerviosismo afectivo; al verse solo,impulsivo, siente miedo (por eso se ven tan mansos en las plazas) encerrado, sin luz, su imaginación se deforma, se amplía o se desvía, se excita con nada, e intenta huir (se daña con frecuencia los pitones en el chiquero), o respondiendo al grito del instinto acomete y al acometer lo hace para salvar el obstáculo molesto entorpecedor”. ¿No fue así como perdió un pitón el toro Mesero en el reciente festival en La Macarena? En España la Sociedad Protectora de Animales logró que en 1928 por una orden real se impusiera el peto. Como vino después la prohibición de desjarretar a los toros. Se siguió con las banderillas de fuego, la puya de tres filos, la rebaja de la edad. Estas sí que son estocadas al espectáculo, por uno y otro lado. No hablemos de las manipulaciones fraudulentas, del despunte de los cuernos, del engorde engañoso, del costaleo y el drogado de viejos tiempos. No es cuestión de convencer a los aficionados a la fiesta , como no son válidos para nosotros sus argumentos. Es plantear sin tapujos y en lenguaje comprensible lo que allí sucede. Dentro de algunos años, como lo dice el autor referenciado, “ya no será cuestión si lo que se hace es mejor o peor, sino lo que se irá dejando de hacer: ni varas, ni quites,ni banderillas realmente maestras, ni verdaderos volapiés…” Gracias don Jorge por sus palabras que me han dado nuevos argumentos contra la monstruosidad del toreo, y a quienes desecharon el libro, como Beatriz y Sandra Milena, porque quizás no les convenció. Yo aún conservo el otro libro que usted gentilmente me regaló y dedicó y que me ha servido mucho para conocer la faceta oculta del espectáculo. Ah, y a los taurinos, aprovechen los bajos precios en que están los libros de Espasa de la colección La Tauromaquia, así como la biblia de ustedes, el de Cossío, que están de barata, aun cuando son nuevos, porque ya nadie los compra.
Editorial
por: Aníbal VallejoNo hay comentarios »
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