El pasado 22 de marzo el periódico EL MUNDO informó sobre la alarma por la presencia de la tuberculosis bovina. Fecha que casi coincidió con el aniversario del Día Mundial de la Tuberculosis en referencia al doctor Robert Koch quien el 24 de marzo de 1882 hizo el descubrimiento de la bacteria causante de dicha enfermedad. El contagio de la tuberculosis de origen animal se da en los humanos con mayor frecuencia por vía digestiva, por el consumo de leche no pasteurizada o de sus derivados crudos infectados y en segundo lugar por inhalación de bacterias. Sus síntomas son tos con flema, fiebre, debilidad general, falta de apetito y perdida de peso. En los Estados Unidos, el país más rico de la tierra, entre 10 y 12 millones de personas padecen esta enfermedad y en el mundo un tercio de la población está afectada. El llamado efecto de confinamiento referido a los animales criados en corrales con alto número en el mismo lugar, es causal de una elevada predisposición a enfermarse. La obtención, tratamiento, manejo y publicidad alrededor de la leche ha generado controversias y polémicas. Tal como sucede con los mamíferos, la hembra solo produce leche después de dar a luz. La vida del hato productor de leche se basa en la inseminación artificial constante y la crianza. Los terneros sufren estrés cuando son separados de su madre. Asimismo la hembra sufre un trauma al perder su cría lo cual manifiesta con sus mugidos lastimeros. Hay quienes sostienen que la leche de vaca es un alimento nocivo para los seres humanos porque las proteínas y el calcio son difícilmente asimilables. Hay personas intolerantes a la lactosa como hay quienes manifiestan alergia a la proteína de la leche de vaca. Estudios científicos sugieren que existe una relación entre el consumo de leche y el aumento del riesgo de padecer la enfermedad de Parkinson. La esperanza de vida de una vaca es de veinte años, pero la mayoría no vivirá más de cuatro por la explotación a que son sometidas, ordeñándolas a un ritmo que la naturaleza nunca concibió. En condiciones normales sus cuerpos producirán menos de mil litros de leche al año, pero mediante la cría intensiva pueden llegar a producir seis mil litros y hasta mucho más. Para lograrlo son ordeñadas durante casi todo el año, incluso mientras están preñadas. Sólo gozan de un breve período de unas cuantas semanas de descanso cuando su gestación está muy avanzada y sus cuerpos no soportarían alimentar al crecido feto y además producir leche sobrante al mismo tiempo. Ninguna consideración por la vaca gestante, solamente un interés económico es el que determina su sobrevivencia dependiendo de la capacidad de producción. Estas vacas lecheras suelen padecer enfermedades metabólicas porque no pueden ingerir los suficientes nutrientes para hacer frente a las demandas de las máquinas de ordeñar. Su organismo puede tener carencias de calcio o de magnesio, hasta el punto de llevarlas a un colapso físico y estar desnutridas por mucho que coman. La vaca tiene que parir cada año para producir leche. Pero el ternero que es separado poco después de nacer es alimentado con leche en polvo, si es que llega a sobrevivir y no cae en manos de los productores de embutidos. La leche de la madre es demasiado valiosa para desperdiciarla en la cría.
¿Cuánto hay detrás de la industria láctea?
Editorial
por: Aníbal VallejoAlimentos que matan
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